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Caminar

Caminar

 

Cuando se le pregunta a Iris —¿cuál es tu sueño?— ella no lo duda. Por un momento pierde la timidez y responde con seguridad —mi sueño ahorita es poder caminar—.  Aunque tiene nueve años y nunca lo ha podido hacer, su situación médica no ha sido un impedimento para volar alto y soñar lejos.

Dianid Florez tiene cinco hijos. Jose Miguel y Mary Johana son los mayores, Iris es la del medio, y Ángel Daniel y Keyler Lionel son los menores. Todos viven juntos en Cúcuta, Norte de Santander y provienen de Socopó, Estado Barinas, en Venezuela.

El rostro de iris refleja alegría y tranquilidad. Con su sonrisa un poco tímida, deja que se asomen los huequitos que la caída de los dientes de leche le han dejado. Sus ojos, oscuros, grandes y expresivos brillan tanto que alejan de su vida cualquier lamento sobre su condición médica. No le gusta que los demás la vean con aflicción, porque como su hermana afirma —Iris no es una niña especial—.

—Iris nació con un problema en la columna, pero desde que la operaron de eso, le empezó a subir el líquido al cerebro y le dio hidrocefalia— cuenta Dianid. Desde ese momento, cuando la niña tenía un mes de nacida, Iris ha pasado por tres cirugías más. Algunas por la hidrocefalia y otras de la columna. Por ambas situaciones médicas ha necesitado a lo largo de su vida controles con especialistas y medicamentos.

En Venezuela la situación económica y social cada día se iba tornando más difícil. —¡Realmente allá el dinero no alcanza para nada!— cuenta Dianid. —¡La canasta alimenticia no se conseguía! Uno llegaba a un supermercado a comprar una harina, y tenía que hacer una cola como de dos días para ver si alcanzaba a comprar—. Ante esa circunstancia, Dianid comenzó hace dos años un vaivén entre Colombia y Venezuela en el que iba a Cúcuta a conseguir lo que su familia necesitaba y luego lo llevaba a sus hijos que aún estaban en Socopó.

La situación médica de Iris también se empezó a ver afectada por lo que ocurría en Venezuela. —A ella tenían que hacerle controles—, cuenta Dianid —pero los especialistas dejaron de funcionar en el hospital y ahora solo funcionaban en centros privados, (…) pero no alcanzaba el dinero para pagar privados—.

Era cuestión de tiempo que Iris se enfermara y Dianid no encontrara la atención adecuada para su hija en Venezuela y ese día llegó. —Un día ella se me enfermó y entonces me vine para Colombia— cuenta Dianid, —allá para uno hospitalizar a un niño tenía que comprar desde el catéter y de ahí para arriba, pero yo no tenía cómo comprar eso—.

Frente a ese panorama, Dianid decidió emprender la travesía de viajar con su hija enferma, durante 6 horas y media, desde Socopó hasta Cúcuta. Fue una decisión difícil, pero era la única alternativa que quedaba. Dianid no ha sido la única, muchas familias venezolanas se ha visto en la misma situación de migrar a Colombia por la falta de protección de sus derechos.

Una vez en Cúcuta Dianid llevó a su hija al Hospital Erasmo Meoz. Allá la hospitalizaron durante poco más de un mes. La niña salió sintiéndose bien y sin ningún dolor, pero los médicos no le explicaron con claridad a Dianid por qué Iris había estado enferma.  Hoy, ni Iris ni Dianid saben a ciencia cierta qué fue lo que le pasó en ese episodio.

—He estado bien después de que salí del médico— dice Iris, nuevamente con timidez. Y según cuenta su mamá, efectivamente Iris ha estado sana desde que salió del hospital, pero no ha podido tener las terapias, ni los controles médicos con los especialistas que deberían verla y hacerle seguimiento. Si bien Dianid pudo resolver en Colombia la urgencia médica que tuvo su hija hace algunos meses, se lamenta que la niña —desde Venezuela no había podido tener controles con los especialistas y acá tampoco los ha podido tener—.

—Yo me enteré del JRS cuando estaba acostada con la niña en la camilla— cuenta Dianid recordando el momento en el que Iris estaba hospitalizada.  —Llegaron a visitarme, me tomaron los datos, y me empezaron a ayudar. Ahorita me consiguieron unos medicamentos y me ayudaron a conseguir unos exámenes—

Hoy Dianid ya se estableció en Colombia con sus cinco hijos a pesar de las dificultades que tuvo para encontrar alojamiento. Debieron caminar mucho y tocar muchas puertas porque eran rechazados por la cantidad de niños que había en la familia. Una vez encontraron hospedaje, fue necesario adecuarlo para tener los servicios básicos. Allí, el JRS los apoyó con elementos para la cocina, bonos de mercado y pañales.

—Describiría a mi hermanita como una niña muy inteligente, ordenada, sentimental— dice Mary Johana, la hermana mayor, sobre Iris. Dianid complementa a su hija diciendo —Sí, Iris es sentimental (…)  Y en la casa pues le gusta hacer muchas tareas. (…) sumar, restar, colorear y a hacer dibujos—.

Iris es una niña responsable y ordenada con su ropa, su cuarto y sus cosas, y le exige la misma responsabilidad a su hermana, con quien comparte habitación. Además, entre risas Dianid cuenta que cuando los hermanos de Iris llegaban del colegio en Venezuela, ella —de una vez los regañaba: “vaya y se baña. Póngase a hacer tareas, ¡Jesús, las tareas!”—.

Iris también es una niña decidida. A pesar de las limitaciones que tiene por no poder caminar, le gusta hacer sus cosas. No le gusta que todos estén detrás de ella ni que le digan que no puede hacer algo. Cuando eso ocurre, Iris replica diciendo —¡Que sí puedo!—.

En este momento, Dianid e Iris están a la espera de que el Estado Colombiano les otorgue el PEP (Permiso Especial de Permanencia) al que tienen derecho por haberse censado en el RAMV (Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos). Una vez tengan ese permiso, Iris podrá inscribirse al Sisbén para comenzar los trámites necesarios para las  terapias y la cirugía que necesita para poder caminar. Una vez tengan ese permiso, Iris estará más cerca de cumplir por fin su sueño de caminar.

 

Servicio Jesuita a Refugiados

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