• (1) 2456181
  • comunicaciones@sjrcolombia.org

Don Jose Uriel y sus 7 vidas

Don Jose Uriel y sus 7 vidas

Ronda por ahí, el mito de que los gatos pueden tener entre 7 y hasta 9 vidas. Se dice que es por ser un animal, ágil, veloz, inteligente y fuerte. Características que les permiten poder salir ilesos o escapar de situaciones peligrosas que, para otros animales podría ser una muerte segura.

 

A veces los mitos pueden volverse realidad, o eso parece en la vida de José Uriel, campesino de 69 años oriundo de Marquetalia, Caldas que durante su trayecto de vida ha sobrevivido a siete desplazamientos forzados, siete lugares diferentes, mudándose de pueblo en pueblo, yendo de un país a otro y regresando a Colombia en el 2015. Quizá para vivir su séptima vida en el país donde todo comenzó.

Su primer desplazamiento fue en el 2001, en el municipio de Tibú, Norte de Santander, zona azotada históricamente por el conflicto armado colombiano. Don Uriel llevaba años en su parcela trabajando, tenía gallinas, cerdos y abundante ganado. Sin embargo, José Uriel recuerda que un viernes a la 1 de la tarde llegaron las Autodefensas a su finca. —Yo le clamaba al señor donde estaba escondido, que se llevaran todo, menos que me fueran a ¡matar un obrerito! y ¡llévense todo! pero que no me vayan a hacer daño, ni dañar a un obrerito, porque tremendo.

Y así fue, José Uriel, con su parcela quemada y sin animales, llegó a otra parcela en Caño Cinco, para rehacer su vida. Sin embargo, no pasó mucho tiempo, para que las Autodefensas en el 2005 irrumpieran de nuevo en la vida de José Uriel, intentando acabar con ella —¡Yo soy ese señor que buscan! ¡Pero yo no soy ese guerrillero o me ven camuflado o están muy mal informados! — comentaba José Uriel.

Golpes, muertes, torturas y un sinfín de abusos y desprotecciones sufrió José Uriel y su familia aquel día. —Nos tocó salirnos porque se trajeron al hijo mío, al mayor pa Tibú todo torturado (…) me toco salirme de allá, votar esa vaina allá y dejar eso allá y venirme a vivir acá [Venezuela]. El hogar acabado prácticamente –

Y así, con su nueva compañera optan por una tercera vida, cruzando la frontera hacia Venezuela, para pasar la tormenta y los estruendos que no cesaban en Colombia, intentando escampar de la violencia. Llegaron a Guasdalito, Estado Apure, donde fueron a solicitar Refugio en Venezuela y lo obtuvieron. Fue una pequeña victoria que les permitió calmar tanto sufrimiento en Colombia, amparados bajo la figura de refugiados.

Aunque José Uriel se encontraba al otro lado de la frontera, pareciera que los vientos lo perseguían y la nube tormentosa de nuevo lo acechaba. —Estando en Guadualito llegaron unos manes preguntando por mí y todas esas cosas y dijo la señora de la casa [donde estaba viviendo José Uriel] “¡No. el señor salió!” Y según me dice la señora, [las personas que lo buscaban dijeron:]“¡Ah, pero se nos volvió a escapar ese viejo!”. Entonces yo llegué de donde estaba trabajando y le dije a mi compañera ¡vámonos de aquí!

En su cuarto intento por huir de la tormenta, llegaron a un pueblo que se llamaba el Calabozo, Estado Guárico. Ahí no duraron mucho tiempo pues José Uriel no logró encontrar un trabajo para sostener a su familia. —Nos fuimos para allá y sinceramente ¡fue un calabozo! – exclamaba José Uriel entre risas.

Del Estado Guárico, pasaron a la ciudad de Caja Seca, Estado Zulia donde parecía que el quinto intento era por fin el último. Allí José Uriel y su familia vivieron por más de 13 años. Las cosas mejoraron, adquirieron una propiedad y lograron por fin mantener un poco de tranquilidad en sus vidas. —Descanso, fue mucho descanso, señorita.

Y aunque Venezuela fue su nuevo hogar por un largo tiempo, para el 2015 ese país afrontaba una crisis humanitaria donde los medios de vida y los servicios básicos poco a poco fueron colapsando, la inflación ya no permitía costear lo mínimo para vivir y cada vez más se sentía el desabastecimiento de alimentos, medicamentos y productos básicos. Ese mismo año, el presidente Nicolás Maduro decidió en agosto, de manera unilateral, cerrar la frontera con Colombia declarando el estado de excepción en los estados limítrofes y procediendo a las deportaciones masivas de ciudadanos colombianos.

José Uriel y su familia sintieron los estragos de la crisis. Fueron violentados por la Guardia Venezolana, donde les quitaron todo lo que habían construido en ese país. —¡Allá hay una cosa muy tenaz! una cosa muy tenaz pasó lo que pasó aquí [Colombia], aquí llegaban los paramilitares y si veían si la finca estaba buena, o que el fulano tenía ganadito entonces lo fichan como guerrillero para quitarle las reses, entonces es tenaz, es tremendo. ¡Lo mismo pasó allá! [Venezuela] Allá supuestamente la misma autoridad se presta para todas esas vainas, como pasa aquí—.

Y sin nada, sin donde dormir o comer, se desplazan nuevamente hacia Colombia, intentando escampar de la fuerte tormenta en Venezuela. Con lo único que llegaron fue con un montón de esperanzas y documentos que certificaban sus nacionalidades colombianas y haber sido víctimas del conflicto armado.  Aun así, estos documentos no han sido una garantía para acceder a sus derechos, donde después de 18 años, siguen esperando las ayudas de la Unidad de Víctimas. Sin embargo, las esperanzas persisten —Yo tengo la ilusión— comenta José Uriel.

Ya en Cúcuta, José Uriel no tiene la posibilidad de regresar a Tibú, lo que una vez fue su hogar en Colombia. El conflicto en la zona no cesa, se sigue recrudeciendo y José Uriel aún siente miedo de las amenazas que le costaron su hogar en Colombia:

Uno pues está amenazado por esa gente y no puedo volver a la finca que tuve en Tibú, el problema es en Tibú, y en Tibú las cosas están horribles hoy. (…)  Yo dijera no, pues yo me reubico y me voy para mi finca, pero ahora con ese conflicto tan sumamente tenaz. Resulta y pasa que, según los comentarios de la gente, dicen que toda la disidencia de los paramilitares que quedaron, ingresaron a los Pelusos, entonces hay una confusión sumamente tremenda, los paramilitares están incluidos con los Pelusos y el ELN está combatiendo contra ellos—

Sin alternativas, José Uriel se desplaza de lugar en lugar en la Ciudad de Cúcuta tratando de encontrar un techo para vivir. Algunas personas los alojaron por 15 días, otros días alquilaron una cochera, otros días en unas piecitas y ahora se encuentran viviendo en el Barrio Camilo Daza.  En esos momentos José Uriel a través de la Defensoría del Pueblo conoce al Servicio Jesuita a Refugiados en el primer semestre de 2017.

El JRS ha acompañado a José Uriel y su familia, a través de asesoramiento jurídico, como derechos de petición frente a la ley de Víctimas, trámites para acceder al SISBEN y afiliación a la salud, acceso a nacionalidad para sus hijos y acceso a educación. Así mismo ha contando con atención humanitaria para mercados, arriendos y una bombona. Todo lo anterior, acompañado también de apoyo psicosocial para él y su familia. —Llegamos con la problemática de empapelar a los niños, entonces ya el compañero Germán y Paola se enfocaron sobre esa situación y gracias al señor ya están registrados y están estudiando —

José Uriel, ya establecido en Cúcuta, después de tanto recorrer, escapando de tantas tormentas, sigue estando firme, con paso fuerte, sus sueños no descansan. Puede que, para su séptima vida, José Uriel pueda cumplir su deseo de volver y trabajar en el campo, y que esta vez pueda rehacer su vida, sin tener que correr tanto. —Yo quisiera que de pronto, lo primero que todo, lo primordial ante todo es la casita y una fuente de trabajo, sea una parcelita, pero de campo—

Sus pasos son ejemplos de las constantes ambivalencias de la frontera colombo-venezolana, donde los momentos de crisis interna de los países (conflicto armado en Colombia y crisis humanitaria en Venezuela) dejan a múltiples familias en medio de fuegos cruzados. Fuegos cruzados, que dan paso al desplazamiento como única opción para escampar de las recurrentes desprotecciones.

Servicio Jesuita a Refugiados

Deja tu mensaje

Compartir
Compartir