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Historias que Tejen Sueños: Carmenza Delgado

Historias que Tejen Sueños: Carmenza Delgado

«Si usted va a cultivar la tierra, hágalo con amor» 

La señora Carmenza tiene 40 años y vive en la vereda Patio Bonito. Es una mujer alegre que hace algunos años tomó la decisión de probar otras formas de cultivar la tierra para ver si era posible tener un vida con más paz: Nací en una época en que las mujeres no valemos nada, y por eso hago todo lo posible por dejarle un futuro diferente a mis hijos. Foto: archivo SJR Colombia

Mi nombre es Carmenza Delgado y tengo 40 años. Desde pequeña he vivido en la zona rural de San Pablo trabajando en lo que se me ponga en frente. Me crié en las minas y aprendí con mi papá a extraer el oro de la tierra. A veces, cuando me estoy quedando sin plata me dan ganas de salir corriendo otra vez a trabajar en eso… No para quedarme toda la vida, no, no, sino para sacar buena plata e invertirla en mis frutales.

Cuando me casé me fui a vivir al Bajo Taracué y tuve tres hijos con mi primer esposo. La verdad es que vivíamos de la coca, él raspaba mil arrobas, tenía una camioneta muy linda. Pero eso trae muchos problemas, por eso fue que lo mataron. Le robaron todo y a nosotros nos amenazaron y nos sacaron de la finca. Vivimos en el pueblo un tiempo pero la situación era muy difícil, entonces me fui a raspar a Patio Bonito y luego, con una plata que me salió de ayudas del Estado, me compré una tierra y empecé otra vez a sembrar coca.

Es que ese cultivo empieza a dar a los seis meses y a partir de ahí, cada dos meses se raspa, y por cada kilo que uno procese le dan dos millones trescientos. Todos acá tenemos poquita coca por el miedo a las fumigaciones porque eso es mucha destrucción, acaba con todo. Yo tenía un cultivo donde raspaba 200 arrobas, le hice dos raspas y con la plata que me quedaba arreglaba los potreros. Pero un día llegó el avión y fumigó mi plátano, mi yuca, mi ñame, todo, nos quedamos sin nada. Me fumigó hasta a mi que estaba embarazada, me mató la niña que tenía en la barriga. Le repito que eso trae muchos problemas, pero también es lo que le da la comida a uno.

Luego de todo eso me arriesgué con el SJR a sembrar cacao. Me dieron 2200 maticas, más 300 de plátano y 30 palos de aguacate, y luego me ayudaron con el zinc y las puntillas para la marquesina. Nos demoramos como dos meses sembrando el cacao entre mi marido y los pelados pequeñitos… Se me olvidó contarle que ahora tengo otra pareja y que con él tenemos tres hijos, serían cuatro, pero una me la mató una serpiente. Pero bueno, mi papá iba hoyando, un vecino lo ayudaba a ir midiendo, y nosotros le echábamos cal al hueco y enseguida el abono orgánico para ahí si sembrar la mata.

El mantenimiento también ha sido muy difícil, pero luego de tres años le puedo decir que mi cacao me está dando. Hace poco cogí los primeros frutos y me dieron trescientos mil pesos. Me toca ser bien ordenada porque siempre me gasto la plata en ropa y comida, pero tengo que guardar y ahorrar. Ese cultivo no nace de la noche a la mañana como la coca, pero por lo menos nos hace vivir diferente y le ayuda a pensar a uno en un mejor futuro. Ahora digo con orgullo que soy chocolatera.

Yo me siento contenta. Toca ponerle mucho amor a esto para que salga algo bueno, pues lo que uno no haga con amor no trae nada bueno. A mis hijos les he enseñado eso, a amar el campo y a cuidar las maticas que se siembran. Los chiquitos saben podar y abonar el cultivo de cacao, coger el fruto y ponerlo al sol, y uno de los mayores ya aprendió a injertarlo. Eso es lo único que les voy a dejar. Yo quiero una mejor vida que la que yo tuve para ellos. Cuando pequeña llegué hasta primero porque mis papás me pusieron a trabajar. A mis tres hijos mayores no les pude dar sino hasta octavo, y con los tres pequeños no quiero que me pase lo mismo. Tampoco quiero que se me vayan a buscar la guerra…

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El día 11 de septiembre del presente año, helicópteros del Ejército Nacional sobrevolaron la zona conocida como Cuatro Vientos en la vereda Patio Bonito, con el objetivo de realizar una operación militar contra integrantes del frente “Héroes y Mártires de Santa Rosa” del grupo guerrillero ELN. La tropa de la Quinta Brigada descendió sobre la finca de la señora Carmenza y abrió fuego contra su esposo Álvaro, quien estaba al lado de su hijo de tres años.

Los vecinos de Álvaro y Carmenza empezaron a llegar para acompañar a la familia y verificar lo sucedido. Al ver que el cuerpo quería ser levantado por parte de los integrantes del Ejército, se levantaron contra ellos. Tenían temor e ira de que se lo llevaran, de que le pusieran un uniforme para hacerlo pasar como un guerrillero más caído en combate.

Si bien la reacción violenta de los pobladores en contra del ejército no es justificable, esta se generó ante la sensación de injusticia que experimentaron y ante la ausencia de garantías de seguridad por parte de las autoridades locales. La reacción violenta de los integrantes del Ejército Nacional, que terminaron asesinando a un poblador argumentando un compromiso por la defensa de los Derechos Humanos y el respeto al Derecho Internacional Humanitario, si resulta totalmente cuestionable. El SJR Colombia no considera justificable una lucha contra el conflicto armado en el que las víctimas son los campesinos.

En el momento actual del país, esta situación es una oportunidad real para ponernos en los pies de la señora Carmenza, de sus hijos, de todas las familias de la región del Magdalena Medio, del país, que continúan siendo marcadas por el conflicto armado.

El Servicio Jesuita a Refugiados a partir del trabajo desarrollado durante años en las comunidades rurales de San Pablo – Bolívar, re-conoce a Carmenza como una mujer humilde y emprendedora, que trabaja por una vida digna y más bonita para sus hijos. Asimismo, lamentamos que haya tenido que pasar por esta situación y la acompañamos a ella, a sus hijos, a la familia de Álvaro y a los pobladores de la zona, en su lucha por no dejar en la impunidad la muerte de un inocente.

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Servicio Jesuita a Refugiados Colombia

El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) es una organización de la Compañía de Jesús, fundada en 1980 por el Padre Pedro Arrupe, Superior General de los Jesuitas, con el objeto de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y las personas en situación de desplazamiento. En Colombia el 8 hace presencia desde 1994 y ha venido trabajando con Población en Situación de Desplazamiento (PSD) desde 1995. “Actualmente ofrece asistencia a PSD en educación, asistencia en salud, nutrición, proyectos productivos, incidencia política, derechos humanos, y servicio social en general.”

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