• (1) 2456181
  • comunicaciones@sjrcolombia.org

Historias que tejen sueños: Doblemente víctimas

Historias que tejen sueños: Doblemente víctimas

“El conflicto y desplazamiento fue igual en estos dos países”

 

 

José Uriel Castaño de 68 años y su familia, tres niños de  13, 12 y 11 años, su esposa, Ninfa Gelvez,  de 42 años, son ciudadanos Colombianos, y han sido víctimas de la violencia tanto en Colombia, como en Venezuela. La primera vez, grupos paramilitares y guerrilleros de Norte de Santander, los obligaron a desplazarse al vecino país en búsqueda de una nueva vida, a comenzar de la nada y si cargando con mucho dolor y nostalgia por quienes y que dejaban al otro lado del río Táchira. Con los pocos ahorros que les quedaban compraron una pequeña finca en Venezuela, pero desde que llegaron el trato inhumano, la maldad y la humillación de la que huían en Colombia los alcanzó hasta ese lugar.

Los despojaron nuevamente de su finca, les arrebataron nuevamente sus animales, y como si fuera poca la furia del hombre, la de la naturaleza arrojo un árbol sobre el techo de su finca, acabando con la vida de los padres de Ninfa. Desde hace unos meses y tras ser maltratados junto a uno de sus hijos, tuvieron que salir en la madrugada hacía Cúcuta. José Uriel vendió todas sus herramientas de trabajo y hasta busco plata prestada, pensando que el dinero le alcanzaría para sobrevivir por un par de meses hasta que se estabilizará, pero para ingresar a Colombia tuvo que pagar y hasta ahí alcanzó el dinero.

Desde entonces buscan ayuda humanitaria para sobrevivir y ser reconocidos e indemnizados como víctimas de un conflicto armado del que nada tienen que ver. Sus hijos nacieron en Venezuela y no podían tener acceso a los derechos fundamentales que ofrece la ciudadanía colombiana, por eso al llegar al Servicio Jesuita a Refugiados Colombia, SJR Norte de Santander, recibieron atención psicosocial, una estufa, mercado, pago de arriendo por un mes y unos colchones que salvaron las noches de esta familia que dormían en una cochera en Cúcuta. También, gracias al trabajo de Acción Humanitaria, lograron nacionalizar a sus tres hijos, quienes ahora están estudiando y están a la espera de poder  acceder al sistema de salud. Desde el SJR Nortede Santander “entendemos que una estufa, un colchón, alimentos y ser escuchados y tratados con dignidad, puede significar mucho para las miles de familias que están llegando sin nada a Colombia”, dice asesor del SJR- Colombia, equipo Norte de Santander.

A pesar de todos estos grandes pesares, a pesar del cansancio que se les ve en la piel y en las manos de esta familia campesina, se encuentran en sus rostros una sonrisa, un trato amable y una esperanza de que llegue la justicia y que cese el hambre y la violencia en cualquier parte de la tierra. Pues sueñan con que les den nuevamente una casita, una finca, esa que le han arrebatado ya dos veces.

A don José Uriel y Ninfa gracias por abrir sus corazones.

Servicio Jesuita a Refugiados

Deja tu mensaje

Compartir
Compartir