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Historias que Tejen Sueños: María de la Cruz Peñuela

Historias que Tejen Sueños: María de la Cruz Peñuela

Foto: archivo SJR ColombiaEn la comunidad del Alto Berlín, desde hace más de 25 años vive la señora María de la Cruz, quien tiene 58 años de edad. Empeño y persistencia la han caracterizado a la hora de buscar alternativas que mejoren el lugar donde vive. Por su gran labor, la comunidad la reconoce como una líder respetada en esta zona rural del municipio de San Pablo, Bolívar. A pesar de que cree que el campesino ha perdido la fe en la política, reza para que algún día a “los mandatarios se les ilumine la mente y repartan los recursos también a las personas más vulnerables”.

Mi nombre es María de la Cruz Peñuela y soy de El Socorro, Santander. Llegué a San Pablo hace más o menos treinta años porque donde nací la tierra le pertenece a pocas personas: a gente rica que nos hacía trabajar gratis para poder tener un techo ahí al lado de sus fincas. Cuando me casé, mi esposo y yo quisimos buscar un mejor futuro para nuestra familia, entonces él aceptó un trabajo acá y nos vinimos sin pensarlo dos veces a una finca en el corregimiento Caño de Oro. Él trabajó mucho con su hermano y al final pudimos comprar una finca grande. Hoy tenemos cultivos de plátano, yuca, piña, maíz, arroz, frutales, ganado, cerdos y aves de corral. Los que trabajamos las tierras somos mis dos hijos, sus parejas y yo porque mi esposo murió ya hace veinte años.

 Cuando llegamos nos tocó afiliarnos de una vez a la Junta de Acción Comunal del corregimiento y digo que nos tocó porque para esa época era una obligación. Primero entré como afiliada, pero luego empecé a pertenecer a la directiva y en año 91 logré que nos construyeran la primera escuela que es donde ahorita hacemos las reuniones de la Junta. Ahora tenemos una nueva escuela porque un día el SJR nos dijo que nosotros teníamos que hacer valer el derecho a la educación de nuestros niños construyendo una escuelita digna, entonces nosotros empezamos a gestionar allá en la Alcaldía hasta que nos la construyeron. La comunidad está muy contenta porque ya no tenemos una escuela de cuatro vigas y un techo de zinc, sino una escuela de verdad. También tenemos un comedor escolar y un parque que nos dio el SJR para rematar.

 Ya no soy más la presidente de la Junta de Acción Comunal, ahora soy la tesorera y también la secretaria porque la que estaba en el cargo lo dejó. Es que a veces trabajar con las comunidades requiere de mucha paciencia, yo no sé cómo he hecho para llegar hasta acá. También hago parte del Comité Pro-Carreteras que está conformado por un representante del corregimiento de Cerro Azul y las veredas de Alto San Juan y Alto Berlín.

Cuando yo llegué había un camino real, una trocha hasta el corregimiento de Caño de Oro que es más o menos a 20 minutos del pueblo. Luego como a los dos años empezó a salir una gincha, que es un camión largo que transporta madera, cada ocho días en la que nosotros bajábamos con la yuca, el plátano y todo eso, uno se hacía por encima de esa madera. Al poco tiempo unos grupos nos obligaron a abrir trocha a pica y pala pero eso fue una pérdida de tiempo porque el derecho era haber reunido a las directivas de las Juntas de Acción Comunal para enseñarles cómo gestionar y presionar a la Alcaldía. Al final mandaron a traer al Alcalde y se vino con una máquina que destruyó todo lo que habíamos hecho. A pesar de eso, hoy tenemos una vía que va hasta un poquito más allá de Alto San Juan que es como a hora y media del pueblo.

Para mantener la vía ha sido una lucha. En el año 2000 pusimos un peaje que pagaban las motos, las líneas, que es un transporte informal que lleva personas, alimentos y herramientas de la zona urbana a la rural, y los camiones de carga pesada que cruzan por acá. Eso lo usamos para pagar el arreglo de las vías, porque cuando llueve prácticamente se llena de lodo la vía. Yo sé que el municipio tiene presupuesto para esos arreglos pero quién sabe qué harán con él.

Entre el año 2013 y el 2014, el Servicio Jesuita a Refugiados pagó el contrato de arreglo de vías para que subieran volquetas, motoniveladoras y pajaritas, o sea retroexcavadoras para que arreglaran desde Caño de Oro hasta Alto San Juan. Fue esa una gran ayuda del SJR porque esas vías estaban acabadísimas, pero eso no es responsabilidad de ellos, sino de la Alcaldía. El problema es que a esa plata le dan un mal manejo porque lo invierten en otras cosas o a veces hasta aparentan. Sacan documentos que dicen que arreglan puentes y vías cuando eso no es así. Esas platas cogen otro rumbo y por eso es que siguen las vías en mal estado. Siguen los problemas y pasan de una administración a la otra, entonces a diario tiene que estar el campesino allá con protestas, con paros para que arreglen las vías, para que le pongan atención y se acuerden que uno existe.

 

Testimonio recopilado por el equipo regional en Magdalena Medio del SJR Colombia

Servicio Jesuita a Refugiados Colombia

El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) es una organización de la Compañía de Jesús, fundada en 1980 por el Padre Pedro Arrupe, Superior General de los Jesuitas, con el objeto de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y las personas en situación de desplazamiento. En Colombia el 8 hace presencia desde 1994 y ha venido trabajando con Población en Situación de Desplazamiento (PSD) desde 1995. “Actualmente ofrece asistencia a PSD en educación, asistencia en salud, nutrición, proyectos productivos, incidencia política, derechos humanos, y servicio social en general.”

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