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Lionel no podía llorar

Lionel no podía llorar

—¡Mamá, el niño no puede llorar mucho porque le duele el corazón!— gritaba Leonardo a su mamá cuando Lionel, su hermanito bebé comenzaba a llorar y ella estaba ocupada. Frente a esa situación había dos opciones: o Yenny, la mamá de los niños, iba y arrullaba al pequeño Lionel para tranquilizarlo, o Leonardo usaba su ingenio y creatividad para entretenerlo. En todo caso lo más importante era que el  pequeño Lionel no llorara.

Yenny Moreno es la madre de Leonardo, Leandro y Lionel. Leonardo tiene 6 años, Leandro tiene 5 y Lionel tiene 1. Junto con su esposo, conforman una familia proveniente del Estado Mérida en Venezuela.

—A él le escuchaban el corazón y se le escuchaba muy raro— dice Yenny recordando el 29 de septiembre de 2017, cuando Lionel nació y los médicos lo examinaron para saber a qué se debía ese extraño sonido en su pecho. El diagnóstico fue que Lionel había nacido con una cardiopatía congénita que consistía en una estrechamiento de una arteria y un soplo en el corazón.

La situación médica era compleja y Lionel requería con urgencia una cirugía para ensanchar la arteria afectada. Sin embargo, la máximo que se logró en Venezuela fue que su caso entrara en una lista de espera que con el tiempo debería atender el Estado Venezolano.

Lionel no podía llorar porque cualquier emoción o actividad que le pudiera agitar el corazón lo afectaba por su cardiopatía. No obstante, evitar que un recién nacido llore es una tarea casi imposible. No hay nada más natural en un bebé que su impulso por llorar porque tiene hambre, sueño, ganas de hacer chichí o cualquier otra cosa. La única que lograba tranquilizarlo del todo era su mamá y tal vez por eso, Lionel no se le despegaba en ningún momento.

Yenny es una mujer joven y sonriente que irradia tranquilidad y amor. Al igual que su hijo menor, Leonardo y Leandro están alrededor de ella casi todo el tiempo, como cuidándola mientras ella también los cuida. Por su acento habla rápido, pero su tono de voz es suave, como si acariciara cada palabra. Su actitud es serena mezclada con tenacidad y valentía por todas las luchas que ha tenido que afrontar  frente a las burocracias colombiana y venezolana.

—Mi esposo, mi hermana, el bebé y yo decidimos venirnos en diciembre— cuenta Yenny. —Nosotros tenemos la costumbre de que los niños estén felices en esa época pero nada, no había para nada, ni para la hayaca ni para nada. Entonces dijimos ¡vámonos por ellos! y nos vinimos por ellos—.

Yenny, su esposo y Lionel llegaron el 6 de enero a Colombia buscando una mejor situación económica para su familia y mejores condiciones de salud para Lionel. En Venezuela ya no tenían con qué comer y pasados tres meses del nacimiento de su hijo no lo habían operado.  Mientras ellos se establecían en Colombia, Doña Carmen, la mamá de Yenny, se quedó en Mérida con los dos hijos mayores. Con cada día que pasaba Yenny sentía más miedo por la salud de Lionel.

 

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Don Carlos Moreno nació en Cúcuta, Norte de Santander, en Colombia. En su juventud migró hacia Venezuela donde se conoció y casó con la venezolana Carmen Rondón, la mamá de Yenny. Sus  hijos nacieron en Venezuela y vivió allá, en el municipio Libertador del Estado Mérida durante 30 años que culminaron hace pocos meses, cuando regresó a Colombia. Su caso hace parte de los más de 250.000 colombianos que en el pasado migraron a Venezuela y ahora han tenido que retornar por las dificultades que ese país afronta.

Hoy don Carlos, su esposa y varios de sus familiares viven en una casa en el municipio colombiano y fronterizo de Villa del Rosario. En total, allí  viven 23 personas —entre las que están Yenny y su familia— que poco a poco han ido llegando de Venezuela y se han ido acomodando en la casa. Aunque están un poco apretados de espacio, tienen un techo donde dormir y la cercanía y apoyo que la familia puede brindar en momentos difíciles.

Muchos de los familiares de don Carlos han tenido que dejar en Venezuela todo lo que tenían y llegar a Colombia sin empleo, sin dinero, sin orientación y sin saber cómo empezar una nueva vida.  —Llegamos aquí y fue duro, porque tampoco teníamos ni para comer— cuenta Yenny, —empezamos a vender café pero no nos daba… mi esposo intentó otros trabajos pero nada. Entonces él dejó de trabajar en eso y ahora vende chupetas ahí afuera en la carretera—.

Fue allí cuando el JRS comenzó a acompañar a toda esta familia. Se les entregaron bonos de alimentación y elementos para cocinar. —Nosotros no teníamos dónde cocinar porque acá no había cocina, no había fogones, nada, entonces ustedes me llegaron con una cocina y una bombona— relata Yenny.

Los 23 integrantes de esta familia no solo deben enfrentarse al reto de reconstruir los cimientos de su vida, sino que además no tienen garantías ni protección para hacerlo por no ser colombianos. La falta de  nacionalidad los hace vulnerables a la desprotección de sus derechos fundamentales.

Sin embargo, gracias a que don Carlos y sus hermanos sí son colombianos, ellos pueden darle la nacionalidad a sus hijos y sus hijos a sus nietos. Pero el trámite es lento,  engorroso y costoso, pues don Carlos debe viajar a Venezuela a reclamar las partidas de sus hijos y esperar a que se las entreguen. El JRS lo apoyó económicamente para hacer el viaje a Mérida el 16 de agosto de 2018, pero un més después de estar allá no había recibido los papeles. Durante ese tiempo, familiares de él como el pequeño Lionel han visto vulnerados sus derechos fundamentales.

 

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Lionel es moreno y tiene ojos grandes de color café oscuro. Su cabello es ondulado y también es café. Sin separarse de los brazos de su mamá, observa todo su alrededor y parece tener claro quiénes están cerca de él, qué están haciendo y qué dejan de hacer. Es curioso. Sus hermanitos mayores, que parecen mellizos y a veces se visten (o Yenny los viste) igual,  juegan con él, lo consienten y lo estripan para abrazarlo.

Aunque Lionel no sabe qué es Venezuela o Colombia ni sabe que él es venezolano, su salud sí ha sido afectada por la nacionalidad. —El bebé se me enfermó acá en Colombia y yo lo llevé al médico porque tenía como mucha gripa, moquito, lo congestionaba más y yo lo veía más mal y él se agitaba— cuenta Yenny. —Y allá (en el Hospital Erasmo Meoz) me lo dejaron más que todo por lo del corazón. (…). Pero los doctores me lo dieron de alta y me dijeron que siguiera buscando por fuera, por el IDS (Instituto Departamental de Salud) —.

Esa primera vez que Lionel estuvo en el hospital duró un mes en urgencias. Los médicos se dieron cuenta de que lo urgente no era la gripa, sino la cirugía que debieron haberle practicado desde recién nacido. Sin embargo no se la hicieron porque no había quién la pagara. Sin ningún tipo de afiliación al sistema de salud, el bebé hace parte de la Población Pobre no Asegurada, el término jurídico con el que se conoce en Colombia a aquellas personas sin ningún tipo de afiliación a la salud.

La salud es un derecho fundamental y por ello, incluso cuando no hay afiliación al sistema de salud, los Estados deben garantizar la atención médica de cualquier persona. En el departamento de Norte de Santander, en Colombia, el Instituto Departamental de Salud (IDS) es el encargado de otorgar la atención a la Población Pobre no Asegurada. No obstante, los recursos de esta entidad son escasos y por ello se ponen trabas para cubrir algunos gastos médicos. La cirugía de Lionel costaba 230 millones de pesos y en el hospital decían que no se la podían hacer por el costo. El IDS no la pagaba.

En ese momento Yenny se acercó con la historia médica de Lionel a la oficina del JRS  y allí la acompañaron y asesoraron sobre cómo exigir la protección a la salud de su hijo. Con el apoyo del Servicio Jesuita a Refugiados se hizo una tutela para pedir que a Lionel se le practicara la cirugía que después de 10 meses de vida no se le había realizado. A los 10 días el juez falló y obligó al IDS a pagar la operación para proteger “el derecho a la salud en conexión a la vida” de Lionel.

Si bien el fallo de la tutela fue favorable, aún quedaba camino para que Lionel por fin fuera operado. El IDS no se comunicaba con Yenny para programar la cirugía y no pagaban el procedimiento al hospital. Entonces se presentó ante el juez un desacato por el incumplimiento que el Instituto estaba haciendo del fallo.

—Para mí fue muy duro ahorita para que me lo operaran— cuenta Yeny —con Lionel he sentido mucho miedo, pero está bien gracias a Dios—. Tras el desacato el IDS comenzó a cumplir parcialmente la tutela. Remitieron a Lionel a una clínica privada para que allí lo viera un cardiólogo e inicialmente solo le iban a cubrir un cateterismo. No obstante, la orden del juez solo se cumplía hasta el momento en que a Lionel le operaran su cardiopatía. Finalmente el 17 de agosto le hicieron la cirugía y el 27 del mismo mes salió de la clínica.

Por esos días llegó a Colombia doña Carmen con Leonardo y Leandro —porque ellos nos extrañaban mucho— cuenta Yenny. Después de la cirugía de Lionel y la llegada de los niños la angustia de Yenny empezó a disminuir. Sin embargo, hoy está en los engorroso trámites para que a Lionel le hagan los controles médicos del postoperatorio y le brinden los medicamentos esenciales que debe tomar por su condición. Hoy sigue esperando que a su papá le entreguen las partidas en Venezuela para que ella y sus tres hijos accedan a la nacionalidad colombiana.

A pesar de la espera por los medicamentos y controles médicos, Lionel se encuentra mejor. —Ahorita después de la operación Lionel ha estado más tranquilo— cuenta Yenny —Si llora es porque quiere comida o tiene sueño, pero ya está más tranquilo. Ya no se agita, ya se ríe y ya camina porque antes no—.

Tras los meses de constante angustia, Yenny hoy tiene otros motivos para preocuparse. —Ahorita lo que pasa es que no me quiere comer. Lo obligó a comer porque no quiere. Quiere es estar pegado a mí— dice Yenny. —Del caldo le gusta es la papa, entonces le digo “si se como una o dos cucharadas, le doy la teta”. Entonces lo piensa, hasta que me lo recibe—.

Tal vez Lionel no quiere separarse de su mamá porque el vínculo creado entre madre e hijo es muy intenso. Se ve en la forma en que se miran. Se nota en que Lionel no se le despega nunca. Se siente en ese amor tan recíproco entre los dos que se ha materializado en las luchas que Yenny enfrenta por su hijo.

—Lionel para mí es una bendición, o sea, todos mis hijos, pero él no sé, él es con el que más he sufrido, pero también me he levantado— dice Yenny conmovida. Seguro que para Lionel su mamá también es una bendición, porque aunque él no sepa de países, trámites o fronteras, sí sabe quién es su mamá. Yenny es la mujer que lo ha protegido, que lo consuela y que le permitió por primera vez llorar tranquilamente.

Servicio Jesuita a Refugiados

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