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Segundo e Isabel: Entre el amor y la violencia

Segundo e Isabel: Entre el amor y la violencia

Cuando yo tenía como dieciséis años, Segundo empezó a trabajar con una señora que vivía cerquita, entonces él la ayudaba a arriar en mula el arroz hasta Puerto Coca, que en ese entonces no era el caserío que existe ahora, sino que ahí quedaba una sola casa a la que le decían La Bodega; ahí llegaba todo el mundo a depositar el arroz y el resto del pueblo era un pajonal. En una de esas arriadas, yo me encontré con Segundo en Puerto Coca, me acababa de bajar de un Johnson con un montón de gente, porque en esa época no había camino para llegar a Coco, que era donde la gente iba a comprar los víveres, entonces tocaba embarcarse en el río. En eso, Juan Ledesma, el esposo de mi mamá que era muy celoso conmigo y trataba de fregarme cuando mi mamá se iba de la casa, me vio hablando con Segundo y pareció como si lo hubiera puñaleado; se paró, cogió su mochila de víveres, se la echó a la espalda y arrancó y se fue. Al rato veníamos ya en el camino, montada yo en la mula de una señora, cuando me sale este man de entre un pajonal y me coge con un cinturón y écheme fuete, hasta que yo le cogí el cinturón y nos fuimos los dos al suelo. De buenas que en ese momento nos alcanzó Segundo, que venía por el mismo caminito y empezó a gritar que qué pasaba, que me soltara, entonces Ledesma me soltó y arrancó, pero me seguía gritando cosas.

Segundo me preguntó: “Isabel, ¿y tú qué vas a hacer? ¿Para dónde te vas a ir ahora, para donde tu mamá a que te sigan pegando, o te vienes conmigo?” Y yo le dije así nada más, que me iba con él, sin nosotros tener palabra de casarnos ni nada; sencillamente me bajé del mulo de la señora, me despedí de ella y me subí al de Segundo y arrancamos juntos para arriba, para Aguas Frías; eso fue el 5 de noviembre del año 1961.

Mi nombre es Isabel Arrieta, yo nací en Sucre, pero me vine a Tiquisio, Bolívar como de 7 años con mi mamá y dos hermanos. Llegamos al Coco Tiquisio porque mi mamá estaba buscando mejorar la economía, porque como éramos solo mujeres y nosotras estábamos pequeñitas, la situación estaba templada, entonces mi mamá se empleó cocinando y lavando. Al tiempito de llegar, mi mamá conoció al señor Juan Ledesma, se casaron y nos fuimos a vivir a La Hamaca, que es una veredita de aquí de Tiquisio, bien bonita.

El problema fue que Ledesma no hizo más que meterle cucarachas a mi mamá, diciendo que yo ya estaba con Segundo hace tiempo a escondidas; total que a la semana siguiente ya estaba mi mami allá en el Coco Tiquisio esperándonos con la demanda puesta por lo que yo era menor de edad y Segundo me llevó sin habernos casado, entonces lo cogieron preso. Él estuvo allá metido en la comisaría del Coco durante tres semanas, pero era Ledesma el que lo tenía ahí y quería obligarnos a casarnos, pero yo le decía que la culpa la tenía él, porque yo no tenía pensado casarme, sino que a mí me tocó salirme de allá porque él me tenía humillada. Al tercer domingo firmamos un montón de papeles con un testigo y esas cosas y al fin dejaron salir a Segundo y nos devolvimos para Aguas Frías; y ya estuvimos juntos desde ese día, hasta hoy. Como a los seis meses sacamos a mi mamá de allá porque Ledesma le estaba dando muy mala vida, y Segundo le construyó un ranchito al lado del nuestro para que viviera tranquila.

De ahí para adelante tuvimos una vida muy buena; en el año 1962, nació Isabel, nuestra primera hija. Luego en 1965, nació Beatriz, y el tercero fue Pedro, que nació en el año 1967, y así sucesivamente hasta que completamos los diez.

 

Yo creo que aquí varias personas murieron del corazón, ¿oyó?

 

El cuento empezó a cambiar como en los noventa, al principio los manes del ELN solo pasaban y uno los veía por ahí, pero poco a poco se nos fueron metiendo hasta que terminaron casi que viviendo con nosotros, porque se nos metían a las casas y nos decían “compañeros, necesitamos el fogón para cocinar” y ¡ay! De que uno les llegara a decir que no o a hacer mala cara; entonces ya se nos volvió costumbre tenerlos entre nuestros ranchos comiendo, durmiendo, escampando, cualquier cosa era pretexto para metérselos, y tras de todo, comerse nuestras cosas.

En el año 1995, Segundo y yo nos casamos y nos bajamos para el corregimiento Puerto Coca, a la finca Villa Doris, que hacía un tiempito una gente la había cogido y la había parcelado porque estaba abandonada, entonces nosotros compramos una parcelita ni muy grande, ni muy chiquita y nos vinimos para acá con los hijos menores porque ya los mayores estaban hechos.

Al tiempo nos tocó dejar esa casa sola porque la guerrilla se puso a traer todo el ganado que se robaban y a meterlo a nuestras tierras.

 

 

A Segundo le tocó irse para Magangué a la casa de una de nuestras hijas y a los ocho días me fui yo para allá también; acá se quedaron tres de nuestros hijos: José Segundo, Pedro y Neilson. Lo que pasó fue que un concejal de Tiquisio le prometió a la comunidad que si quedaba electo, iba a dar cincuenta láminas de zinc para armar la escuelita de Villa Doris, porque como existe un pleito por quién es el dueño de estas tierras a pesar que nosotros llevamos acá un pocotón de años, el Gobierno ha cogido eso de excusa para no darnos nada, ni alumbrado eléctrico, ni escuelita, ni vías, ni ayudas, ni nada. La comunidad le votó al tipo y ganó, pero no cumplió, entonces los del ELN bajaron a buscar a Segundo que era el presidente de la Junta de Acción Comunal de Villa Doris; ellos vinieron preguntando que qué había pasado con la escuela y Segundo no tuvo más opción que contarles, con ellos toca así siempre. Luego estuvieron amenazando al concejal diciéndole que le cumpliera al pueblo a pesar de que Segundo les pidió que no lo hicieran porque no quería que la gente creyera que él y la Junta de Acción Comunal tenía algún vínculo con esos señores.

Como lo que los elenos decían no era un favor sino una orden, después de un tiempo, a Segundo, al tesorero y al secretario les tocó ir a recoger las tejas y unos bultos de cemento, aunque Segundo no quería ir, a él eso no le daba buena espina. Y así después de un tiempo los paramilitares llegaron a buscar a Segundo diciendo que el concejal los había mandado a matar al señor Turizo porque él era un guerrillero. Afortunadamente Segundo ese día estaba para afuera arriando un ganado y no lo encontraron, pero sabía que tarde o temprano lo iban a volver a buscar hasta que lo encontraran para matarlo.

Después de todo eso y de estar viviendo en Magangué, nos devolvimos a Villa Doris porque si yo me iba a morir, me moría en mi tierra y con mis hijos, pero no me iba a morir de hambre por allá, porque además, cuando uno es desplazado siempre le dicen que le van a llegar ayudas y qué va, le dan a uno un mercadito o dos, ¿y el resto del tiempo uno qué come si uno por allá no conoce ni sabe hacer nada?.

 

El problema es que en medio de la guerra,

parece que lo peor que uno puede hacer es ser bueno,

porque ahí empiezan a venir los problemas encima.

 

 

En el año 2003 nació Proceso Ciudadano por Tiquisio. Nuestro hijo José Segundo se metió en todo el rollo y empezó a formarse como líder; él era un pelado muy inteligente, sabía leer y escribir muy bien y hablarle a la gente, entonces rapidito se convirtió en uno de los hombres de confianza tanto del padre Gallego, que vino a ayudarnos en ese año, como de la comunidad; eso lo llamaban a cada rato para viajar por todo el país a reuniones, a dictar charlas, a talleres.

A nosotros nos han llegado muchas versiones de por qué mataron a José Segundo, pero ninguna es segura y además ninguna nos consuela; algunos dicen que lo mataron porque él administraba un trapiche que era del Proceso Ciudadano por Tiquisio y los paramilitares querían este terreno donde estaba el trapiche para esconderse, otros, que lo mataron por sapo, por ser líder, y hay los que dicen que al pelado lo mataron por error.

Ahora el que está metido en todo el cuento del Proceso es Pedro, otro de nuestros hijos que siempre acompañaba a José Segundo a las reuniones; él nunca se educó formalmente en los programas que trajeron para los líderes, pero igual ya había aprendido muchas cosas. A mi me da miedo ver a Pedro en esas también, pero recuerdo todas las vidas que ayudó a salvar mi pelado.

Pues sí, esta ha sido nuestra vida, a veces ni yo me creo que hayamos pasado por tantas cosas malas: que muévase de un lado para otro, que la amenaza por acá, que nos va a hacer daño el uno el otro. Lo bueno es que tenemos una familia grande, que hemos podido seguir unidos, a pesar de los problemas, solo nos falta mi pelado… Pero lo bueno es que los que quedamos todavía tenemos ganas de luchar y ya no nos vamos a separar, y si nos sacan, nos sacan a todos, y si nos matan, pues nos tendrán que matar a todos juntos.

Servicio Jesuita a Refugiados

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