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HOSPITALIDAD Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS PARA LAS MUJERES EN ORIGEN, TRÁNSITO Y DESTINO

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En el Día Internacional de la Mujer, las organizaciones que conformamos la Campaña por la Hospitalidad denunciamos la violencia, los abusos y la desprotección que afectan a demasiadas mujeres en nuestro continente.

Constatamos que el mero hecho de ser mujer supone un peligro especial. Los feminicios aumentan, acompañados por la impunidad. En este mismo instante, muchas mujeres huyen del país que las vio nacer para salvar sus vidas frente a la incapacidad de los Gobiernos de protegerlas de los actores armados, de las pandillas o hasta de sus parejas. El caso de Honduras es revelador. Entre 2005 y 2013 los asesinatos de mujeres crecieron del 263,4% (IUDPAS, n. 17, 2014). La violencia contra las niñas entre las edades de 0 a 14 años representa el 7,3% del total de las muertes (UNAH, n. 24, 2015). En las palabras de la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre violencia contra las mujeres, tras una visita a Honduras: “la violencia contra las mujeres está propagada, es sistemática y su impacto se manifiesta de diversas formas” (07/07/2014). Colombia es otro caso sangrante: de las 6,9 millones de personas registradas como víctimas del conflicto armado, 3,5 millones son mujeres (El Colombiano, 27/03/2015).

La desprotección acompaña a las mujeres y a las niñas también en los países de tránsito y de destino. Sin canales de acceso legal a otros países, marginadas en cuanto “migrantes ilegales”, las mujeres en movilidad forzada están expuestas a la extorsión de los grupos criminales o a las redes de trata de personas. Las niñas y las mujeres colombianas y peruanas se ven forzadas a prostituirse en Ecuador, mientras que se han registrado casos de niñas y mujeres ecuatorianas que son llevadas y explotadas como servidoras domésticas y sexuales en Perú o en Colombia, a la merced de los grupos armados. En el contexto de la frontera colombo-venezolana, muchas mujeres ejercen de cabeza de hogar y buscan llevar adelante su familia en condiciones muy precarias, debido al no reconocimiento de su necesidad de protección y/o a la no regularización de su situación migratoria.

La violencia contra las mujeres debe ser considerada como causal determinante para el otorgamiento del refugio. La desprotección en el país de origen no debe ser reproducida por el país de acogida. En el caso de 160 mujeres del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Salvador y Honduras) y México, llegadas a los Estados Unidos desde octubre de 2013 y entrevistadas por ACNUR, el 100% declaró que recibió protección ineficaz o ninguna protección de la policía o de otros oficiales del gobierno de su país cuando reportó ataques, asaltos sexuales, violaciones o amenazas (ACNUR, Women on the Run, 2016).

Abogamos por el pleno cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres en su país de origen, en los países de tránsito y en el país de destino.

Queremos una cultura del respeto, de la no violencia y de la hospitalidad para todas las mujeres. La hospitalidad reconforta, no pierda la oportunidad de ofrecerla.

Para mayores informaciones:rjm.hospitalidad@sjrlac.org

No más muros: por los derechos de las personas migrantes

En el Día Internacional del Migrante, las instituciones que promovemos la Campaña por la Hospitalidad pedimos que las políticas de gestión migratoria vigentes en la región de Latinoamérica y el Caribe cumplan con los DDHH y con los principios de protección internacional.

Día del Migrante

Migrar es cada vez menos una elección libre y más una opción impuesta por nuevas causas (entre ellas: el desastre natural o ambiental y la violencia generalizada) que se suman a las circunstancias económicas adversas, generando flujos de movilidad forzada y exigiendo medidas específicas de protección. Día tras día, este año 2015 ha puesto en evidencia el carácter global de las migraciones y las múltiples causas que fuerzan a las personas a desplazarse. Las recientes interceptaciones de personas de nacionalidad siria en Centroamérica y en la frontera con Texas demuestran, una vez más, el alcance mundial que adquieren los conflictos y las crisis sociales en un mundo interconectado y la gran resiliencia de los seres humanos frente a los horrores de la violencia, de la guerra o de la pobreza. Si los sirios huyen de la guerra llegando hasta Latinoamérica, la población del Triángulo Norte de Centroamérica escapa de la violencia de las extorsiones, del reclutamiento forzado y de los secuestros y de la exclusión social. La población de Haití deja un país cuya pobreza ha sido amplificada por el terremoto del 2010 para alcanzar no sólo República Dominicana, sino también Ecuador, Brasil y Chile. En Colombia los diálogos entre el Gobierno y las FARC alientan la esperanza de la paz, sin embargo aún permanece una dinámica de desplazamiento forzado, producto de la confrontación armada, y la violencia en la costa pacífica colombiana desplaza a la población hasta Ecuador, Perú y Chile. Un número creciente de cubanos emprenden un largo camino por tierra hacia Estados Unidos, empezando por Ecuador o Venezuela y pasando por Colombia y Centroamérica. Desde África, senegaleses y nigerianos empiezan a llegar al Cono Sur.

Sin embargo, la respuesta de los Estados sigue siendo inadecuada, cuando no son éstos responsables del agravio de la vulnerabilidad de las personas migrantes o desplazadas forzosamente. Se invierte más en obstaculizar el camino de las personas migrantes, que en atender sus circunstancias, identificar los casos que merecen protección especial y favorecer la integración social. La reticencia de Estados Unidos, México, Nicaragua, Costa Rica y Panamá en otorgar refugio a los migrantes centroamericanos quebranta sus derechos fundamentales. Las trabas burocráticas y la falta de colaboración entre Haití y República Dominicana han mermado el alcance del Plan Nacional de Regularización a través del cual las y los migrantes haitianos por primera vez tenían la oportunidad de acceder a la residencia legal en República Dominicana. En Costa Rica salir de la irregularidad migratoria supone pagar una multa inasequible para la mayoría de los migrantes nicaragüenses. La complejidad y los costes de los procesos administrativos, la aplicación arbitraria o incompleta de las normas y los prejuicios erigen muros legales, económicos y sociales que excluyen a las y los migrantes tan duramente como las vallas y los muros físicos.

Las fronteras siguen siendo lugares de especiales arbitrariedades y vulneraciones de derechos. El “Plan Frontera Sur” entre México y Guatemala ha endurecido los controles policiales obligando a las personas migrantes a buscar rutas alternativas donde son fácil presa de grupo criminales. El cierre de la frontera con Colombia, impuesto por Venezuela desde finales de agosto, ha sido acompañado por deportaciones masivas e indiscriminadas de colombianos, en violación del principio de no devolución (Art. 33 de la Convención de Ginebra). Nicaragua ha cerrado unilateralmente su frontera con Costa Rica para impedir el tránsito de migrantes cubanos hacia Estados Unidos, agudizando su situación de vulnerabilidad. El marco normativo chileno otorga un amplio margen de discrecionalidad a los funcionarios en frontera, lo cual afecta las posibilidades de ingreso al país de la población afro-colombiana que queda “varada” en el territorio peruano.

Frente a los tantos muros que niegan la dignidad y los derechos de las personas migrantes y/o desplazadas forzosamente, la Campaña por la Hospitalidad insta a los Gobiernos a seguir los ejemplos de hospitalidad de la Sociedad Civil, como demuestra la red de 60 albergues para migrantes que recorre México, y a implementar medidas que reconozcan a los migrantes como sujetos de derechos que contribuyen al desarrollo de nuestras sociedades, si están plenamente integrados. Entre ellas, recomendamos la puesta en marcha, de manera coordinada entre los Estados, de corredores humanitarios y de procedimientos ágiles para la identificación de personas con necesidades de protección internacional, unos procesos administrativos simplificados, asequibles y eficientes para la obtención de la residencia legal o del estatus de refugiado, el acceso oportuno a la información y a la orientación legal, en el marco de sistemas normativos que posibiliten la libre circulación de las personas y la garantía de sus derechos.

Apostamos por la hospitalidad como el horizonte y el camino para construir sociedades equitativas y solidarias, sin discriminaciones o exclusiones: ¡la hospitalidad rompe los muros de la hostilidad!

 

Para mayores informaciones: rjm.hospitalidad@sjrlac.org

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