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Semana de la Juventud en Barrancabermeja. Por la vida, el amor y la paz!

“Lo jóvenes pueden construir lo que el mundo necesita, la paz” Leidy Guevara Jóvenes

Constructores de Paz.

Foto: Santiago Dussan, comunicaciones regional Magdalena Medio – SJR Colombia en el marco de las actividades de la Semana por la Paz en el municipio de Barrancabermeja

Barrancabermeja, Santander. Agosto 29 de 2017.

Con actividades de formación, deportivas y culturales se celebró en la comuna 7 del municipio de Barrancabermeja una semana cuyos protagonistas fueron los jóvenes.

Reconociendo el papel definitivo de las juventudes en tiempos de construcción de paz y reconciliación, la Semana de la Juventud, se convirtió en plataforma para poner en el centro sus propuestas, reflexiones y necesidades, pero también para promover su participación activa como actores transformadores de su territorio.

El inicio de la Semana, tuvo lugar el viernes 11 de agosto en un espacio de diálogo a cargo del grupo Jóvenes Constructores de Paz para conversar frente acciones de reconciliación así como la participación en la implementación de los acuerdos, haciendo un llamado a construir desde la diferencia, promover la colectividad, la creatividad, el tejido de memorias e identidades ubicando la participación desde acciones individuales y familiares que impactan de manera positiva el tejido social.

El lunes 14 de agosto, se realizó el conversatorio: “Implementación de los acuerdos de paz, retos y desafíos, una mirada desde los jóvenes”, en el que participó la Instittución Educativa Ciudadela Educativa del Magdalena Medio, el Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, Juventud Rebelde de Marcha Patriótica, Unipaz, la Escuela de Formación Popular Sandra Rondón Pinto, Movimiento identidad estudiantil del Congreso de los Pueblos y la Organización Femenina Popular. Se planeó la necesidad urgente de la salida de los jóvenes de la orillas de la guerra, de la importancia de fortalecer las redes juveniles en la región, promover movimientos estudiantiles y nuevos modelos de educación de cara a la construcción paz, de una juventud que genera acciones rebeldes desde el amor y que defienden sus cuerpos como territorios que no permiten ser amenazados por los flagelos de la guerra, así como la necesidad de heredar nuevas acciones desde la reconciliación y la esperanza.

El miércoles 16 de agosto, se realizó el lanzamiento de la campaña: “Cuida tu cuerpo, métele ritmo”, para promover acciones de autocuidado con el cuerpo para reconocerlo como territorio con memorias, que no se lastima, se valora y se vive como decisión permanente. Durante la actividad se realizaron dos jornadas de rumba terapia en la I. E. Ciudadela Educativa Magdalena Medio, para promover desde el deporte y la rumba sana prácticas para recorrer esos cuerpos de manera amigable.

Por su parte, la proyección de la película “Mateo”, grabada con jóvenes de la comuna 7, dio lugar a un espacio de discusión, a un chocolate para compartir y a seguir promoviendo los espacios de diálogo y encuentro.

El cierre de la Semana de la Juventud, recordó el papel del arte en la construcción de esperanza, de nuevos códigos de relación, de lo que nos permite la creatividad, de la importancia de la música y de la danza en la reconstrucción del tejido para recuperar la confianza, el amor y recorrer el territorio con una propuesta joven y autentica que nos llama a la felicidad, a la libertad y a una paz dinámica.

Historias que Tejen Sueños: Nemecia Sampayo Pérez

La señora Nemecia de 54 años nació en Majagual, Sucre, pero fue bautizada y registrada en Magangué, Bolívar. Reside en el municipio de San Pablo, Bolívar, donde, en los últimos diez años, ha empezado a construir su proyecto de vida en torno al campo. Ahora se ha propuesto certificar su finca para que su cacao sea comercializado en mercados a los que, debido a las condiciones de su municipio, no ha podido acceder. El testimonio de la señora Nemecia es una muestra del empoderamiento de las mujeres en las zonas rurales. Foto: equipo regional Magdalena Medio - SJR Colombia.

Mi nombre es Nemecia Sampayo y vivo en San Pablo. Llegué al pueblo con mi abuela cuando tenía seis años. Me acuerdo que a veces visitaba fincas con un tío, pero el resto del tiempo me la pasaba por acá. Ahora es muy distinto porque prácticamente me la paso en mi finca que queda en una vereda que se llama Bodega San Juan y solo vengo de vez en cuando al pueblo, por ejemplo, cuando hay una urgencia ¡Como da de vueltas la vida!

Mi esposo Alonso es profesor de agropecuaria en un colegio de acá y le va muy bien. Yo creo que es porque le gusta mucho el campo y la enseñanza. Aunque él nunca me ha negado nada, sino por el contrario me da lo que le pido, yo quería tener mi platica para no tener que estar pida y pida. Ahí fue cuando empecé a vender por catálogo: ropa, implementos de aseo, utensilios de concina y muchas cosas más. Esto me gustó al principio, pero luego cuando iba a cobrar la gente me recibía de mala gana o no me pagaba y eso me fue enfermando, me daban dolores de cabeza muy fuertes y un estrés que no me dejaba salir de la casa.

Fue para esa época que Alonso llegó y me dijo que hiciera otras cosas, que empezara a estar pendiente de un proyecto de cacao en el que se había metido porque a veces no tenía tiempo de ir hasta Bodega. Yo iba de vez en cuando y me sentía bien en el campo, pero no me gustaba quedarme mucho porque tenía miedo. Eso fue en el tiempo en el que entraron los paramilitares al pueblo. Fue cuando más hicieron daño, preciso en el año 2005 salió el proyecto del cacao. Entonces yo me iba a la finca y estaba tranquila, pero luego me ponía a pensar que de pronto estando tan solos y tan alejados del pueblo nos podían hacer algo y me devolvía corriendo para no estar sola.

Afortunadamente después de que pasa la tormenta viene la calma. Empecé a ir más seguido a la vereda y me di cuenta que la plata que le invertía Alonso a esa finca no se le veía porque los animales se comían todo y porque pagar obreros es muy caro. Al final, de un día para otro, decidí venirme de manera permanente y empezar a trabajar la finca. Con el cultivo de cacao fue muy difícil porque antes habían sembrado coca y las fumigaciones fueron esterilizando la tierra, entonces no crecía nada y, además, tampoco recibíamos asistencia técnica y muchas planticas de esas se murieron.

Luego llegó el Servicio Jesuita a Refugiados con menos plantas, pero con mucho más apoyo. Los técnicos venían acá muy seguido y nos hacían visitas a las fincas en las que nos decían: ‘el hueco es de tanto por tanto, se le hecha esto y esto’. Le iban explicando a uno. También nos hicieron talleres con algunas personas de las veredas en los que aprendimos a hacer abonos orgánicos como Caldo Súper 4 o Compostaje y eso nos ha ayudado muchísimo porque, además de que las plantas crecen, hemos ayudado a que la tierra ya no sea tan estéril. Yo por allí abajo tengo un pedacito de tierra en el que echo las cascaras del cacao y cal y hago abono.

Hace poco un amigo de mi adolescencia vino a la finca, me empezó a hablar de certificar la finca y empecé a averiguar. Me contaron que eso servía para que mi cacao lo pudieran vender en mercados fuera de San Pablo y eso me llamó mucho la atención, porque yo a veces bajo a vender en el Mercado Campesino del pueblo, pero a la gente no le gusta apoyar al campesino, prefieren ir a comprar al supermercado chocolate que venga en un empaque bonito y ni siquiera piensan la cantidad de químicos que tiene eso.

Ahora último he aprendido, también, muchas cosas que me sirven para cuidar mi finca. El Servicio Jesuita a Refugiados nos ha explicado que es importante cuidar el medio ambiente, que hay que proteger las fuentes hídricas para poder seguir teniendo agua en la misma cantidad e igual de pura como nos llega, que no hay que quemar y que, si es posible, hay que sembrar árboles. También para nuestra salud es bueno guardar en una bodega todas las herramientas y productos que usamos en los cultivos. Porque yo no sabía, por ejemplo, la vaina de los venenos de los canecos y uno los medio enjuagaba, los cogía para beber agua y ahora los perforamos, los lavamos y los metemos en una caseta para luego reciclarlos.

Yo estoy muy feliz en mi finca y pienso quedarme acá el otro siglo de vida que me queda para seguir aprendiendo. A mí me gusta mucho criar animalitos, perros, gatos, gallinas, patos y mis dos caballos. Además mi salud acá es muy buena porque todo lo que como es natural y si me enfermo en algún momento, tengo un montón de hierbas medicinales que me ayudan más que los medicamentos que siempre me receta el médico de San Pablo cuando me atiende.

 

Testimonio recopilado por el equipo regional en Magdalena Medio del SJR Colombia

 

El mercado campesino popular de mujeres Tejiendo territorio

Barrancabermeja, Santander. Jueves 24 de agosto de 2017. El equipo regional Magdalena Medio del Servicio Jesuita a Refugiados – Colombia y la organización femenina popular (OFP) realizaron el segundo mercado campesino de mujeres de este año, el cual tuvo como objetivo generar alternativas económicas para las pequeñas productoras urbanas y rurales, recuperando tejido social y generando conciencia en la población participante, tanto productores como consumidores con respecto a la problemática territorial y económica, y al mismo tiempo plantear soluciones viables que contribuyan al mejoramiento en la calidad de vida en la región. Foto: comunicaciones regional Magdalena Medio - SJR Colombia.

De 6 am a 3 pm el barrio Santander fue testigo y participe de este espacio de convivencia. El baile, la música y el teatro acompañaron sonrisas y despertaron sentimientos adormecidos de manos trabajadoras, mientras deliciosos olores cautivaron a los asistentes a deleitar cada uno de los alimentos y abrieron camino a sabores traducidos en alegría.

Artículos de toda clase, desde los más frescos vegetales hasta las más elaboradas artesanías fueron desapareciendo de sus estantes paulatinamente. Una calle fue el escenario de este esperanzador encuentro, las carpas y los tablones formalizan el espacio, donde distintas culturas y generaciones gestaron bases en la conciencia local desde la humildad y el entusiasmo.

Comunicado a la opinión pública 20 de junio de 2017

DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO Y PERSONA DESPLAZADA

 

 Bogotá D.C. 20 de junio de 2017. En ocasión del Día Mundial del Refugiado y persona Desplazada, el Servicio Jesuita a Refugiados – Colombia hace eco de las numerosas situaciones de desplazamiento forzado que siguen aconteciendo en nuestro país y llama a poner a las personas en el primer lugar, reconociendo su dignidad y atendiendo sus necesidades en cumplimiento con los derechos humanos y los acuerdos internacionales en materia desplazamiento y refugio.

Colombia está viviendo un difícil proceso de transición hacia una paz duradera y una democracia fortalecida con los acuerdos de paz con las FARC – EP. Se ha evidenciado que a pesar de disminuir considerablemente los índices de violencia, nuevas conflictividades, en su mayoría vinculadas a economías ilícitas, han estado emergiendo en el territorio nacional planteando retos humanitarios muy grandes de cara al posconflicto. Así bien, los profundos cambios sociales y políticos que atraviesan la coyuntura nacional colombiana han estado acompañados de acciones permanentes del Ejército de Liberación Nacional (ELN); de la reorganización y consolidación de los grupos paramilitares posdesmovilización; del afianzamiento de mega-proyectos de desarrollo y economías extractivas; y de la baja capacidad estatal para responder efectiva e integralmente a las víctimas del conflicto armado lo que ha reconfigurado las causas directas y estructurales de los desplazamientos forzados en el país. Estos hechos exigen renovada atención y acción de parte del gobierno y de la sociedad civil.

Por lo anterior, el SJR Colombia llama la atención sobre los hechos que siguen produciendo desplazamiento forzado interno, particularmente en las regiones donde hacemos presencia: Valle del Cauca, Nariño, Magdalena Medio, Norte de Santander y en el municipio de Soacha. En el andén Pacífico colombiano se constatan críticas situaciones humanitarias para los pobladores de la zona, especialmente indígenas y afrodescendientes, producto de las disputas territoriales entre grupos armados ilegales que han dejado miles de víctimas de desplazamiento forzado tras la salida de las FARC – EP hacia las Zonas Veredales de Transición. En el Magdalena Medio los actores ilegales siguen incurriendo en la vinculación de NNA hacia sus redes armadas y de apoyo, sumado a imposiciones normativas violentas para el control comunitario.

Al tiempo, queremos resaltar a las miles de víctimas que han sido expulsadas del país por el conflicto armado y que hoy se encuentran en necesidad de protección internacional en los países fronterizos o en otras latitudes tratando de rehacer sus vidas en medios de hostilidad y pobreza. Ecuador continúa recibiendo colombianos que huyen del país a causa de la violencia armada mientras que en la frontera colombo-panameña existen flujos migratorios irregulares asociados a la trata y tráfico de personas, el narcotráfico y la vinculación de niños, niñas y adolescentes a grupos armados ilegales. Cabe anotar, además, que dada la crisis en Venezuela el país poco a poco se ha convertido en un destino de colombianos que retornan y de venezolanos con necesidad de protección internacional, en búsqueda de refugio que han llegado a Colombia especialmente por el departamento de Norte de Santander en condiciones de precariedad. Sin embargo, la poca capacidad estatal y la falta de un marco legal garante de los derechos para los migrantes, ha supuesto escenarios de inseguridad y vulnerabilidad para las personas que arriban a las distintas fronteras.

Ante esta situación el Servicio Jesuita a Refugiados – Colombia en su misión de Acompañar, Servir y Defender a la población en situación de desplazamiento forzado y refugio, manifiesta su preocupación y hace un llamado al gobierno nacional para que desarrolle acciones tendientes al desmantelamiento de los grupos paramilitares posdemovilización, genere condiciones en los territorios para la garantía de la no repetición de los hechos victimizantes y repare adecuadamente a las víctimas de desplazamiento forzado. En particular solicitamos:

  1. Replantear la Ley 1448 del 2011 considerando además de múltiples problemáticas (sub-registro, deficiencia en ayudas humanitarias, baja atención en las zonas más apartadas, indemnización inadecuada, no aplicación de enfoque diferencial, planes de retorno inoportunos, etc.) que los recursos con los que cuenta para la asistencia, la atención y la reparación no son suficientes para responder adecuadamente a la totalidad de víctimas existentes en el país y fuera de éste.
  2. Establecer medidas de protección y prevención para las comunidades que siguen en riesgo de sufrir desplazamiento, amenazas, confinamiento, violencia sexual y reclutamiento forzado por el actuar de grupos armados al margen de la ley o las economías de enclave. Para ello, es imperativo que el gobierno nacional adecue una política criminal para el desmonte del paramilitarismo y grupos armados locales y se avance en la concreción de un Acuerdo de Paz con el ELN.
  3. Fortalecer la institucionalidad pública para que sea capaz de articular acciones orientadas a generar el desarrollo y la paz en los territorios más alejados del país. Esto debe acompañarse de una amplia inversión de recursos de la nación en infraestructura (vías, conectividad), capital de trabajo (tierra, medios y tecnología) comercialización, educación y servicios básicos en los territorios.
  4. Avanzar en soluciones duraderas para (re) construir los proyectos de vida de los pobladores más vulnerables con tranquilidad en sus lugares de vida, en armonía con los territorios y de cara a un desarrollo económico con un rumbo ambientalmente sostenible y socialmente equitativo.
  5. Construir una política amplia para las víctimas en el exterior que contemple la satisfacción de sus derechos a la verdad y a la justicia, y además que contenga un componente fuerte de reparación integral independiente de la voluntad o no de retorno de dichas personas. Además, es imperativo que el Estado haga una actualización de la normatividad aplicable en el marco del reconocimiento del Derecho Internacional de los Refugiados, el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y demás normas que garanticen la vida, la integridad y la protección de los migrantes forzados internacionales en nuestro país.

El Servicio Jesuita a Refugiados – Colombia saluda a todas las víctimas de desplazamiento forzado en Colombia y a las víctimas que se encuentran en el exterior en búsqueda de protección internacional, solicitantes o en situación de refugio. Así mismo reafirmamos nuestro compromiso con la construcción de paz y reconocemos los avances del proceso de paz en la generación de condiciones adecuadas para el restablecimiento de los derechos de las víctimas.

 

Para más información:

Área de Incidencia y Comunicación Externa

Teléfono: 2456181 Ext. 764

 

En nuestras redes sociales: Twitter ( @SJRCOLOMBIA) y Facebook (SJR Colombia)

Las Redes seguimos Trazando Puentes

Encuentro virtual Trazando PuentesBogotá D.C. 1 de junio de 2017. La Red SJR – Colegios* juntos con la Red Solidaria de Jóvenes en España continúan trazando puentes entre las y los jóvenes constructores de paz, en esta oportunidad el encuentro fue virtual entre el colegio Nuestra Señora de la Asunción de Badajoz (Extremadura) y la Institución Educativa de Fe y Alegría José María Vélaz de Bogotá.

Con el fin de seguir encontrando las experiencias juveniles que se viven en diferentes lugares del mundo, con contextos y necesidades diversas los y las estudiantes de las diferentes redes compartieron sus experiencias sobre los lugares que habitan, los temas que movilizan sus acciones como lo son las personas refugiadas, víctimas de conflicto armado, la deserción escolar, el reclutamiento forzado, entre otros.

La campaña #SoyTierraDeAcogida y el Proceso “Del 9 al 9” – Quiéreme bien herédame la paz, fueron los temas principales sobre los que intercambiaron experiencias y acciones de solidaridad.vFoto: archivo Entreculturas.

En días pasados la Red Solidaria de Jóvenes desde Extremadura como un gesto de solidaridad con las y los jóvenes de Colombia y en especial de la red SJR Colegios pintó el logo y eslogan del Proceso “Del 9 al 9”, esta acción junto al encuentro virtual y a la conversación que ahí se desarrolló reconfortó y motivó a las y los estudiantes a seguir con sus acciones y fortaleciendo esta red a nivel nacional y también trazando puentes colombo españoles. 

“Me siento inspirada a seguir porque otros desde otro lado nos acompañan y también desde allá son constructores de paz, no estamos solos” Tanya Sofía Avellaneda Integrante de la red SJR – Colegios – junior, I.E. José María Vélaz.

 

La Red SJR Colegios constituye una apuesta estratégica del Servicio Jesuita a Refugiados – Colombia por la formación de jóvenes que estudian en los colegios de la Compañía y en los colegios Fe y Alegría.

 

 

El reto de la construcción de paz en Colombia

Bogotá D.C. Mayo 25 de 2017. Colombia ha vivido un largo conflicto de más de cincuenta años con grupos insurgentes, un conflicto que prácticamente afectó todo el país en el momento de mayor intensidad entre 1990 y 2004. En estos años alcanzó un nivel considerado en estándares internacionales como “conflicto armado mayor” con más de 1.000 combatientes muertos por año, sin contar las víctimas civiles que alcanzaron niveles de más de 5.000 en los peores años. El efecto en la población civil fue muy grande: la población desplazada forzosamente por la violencia superó los 7 millones de personas y los muertos sumaron más de 230.000 en estos años. Los campesinos, indígenas y afrocolombianos fueron los más afectados por el conflicto armado. LAS PROMOTORAS DE SALUD UNA INICIATIVA DE CONSTRUCCIÓN DE PAZ LIDERADA POR MUJERES EN LA FRONTERA COLOMBIA – VENEZUELA

Así como el conflicto fue intenso, también se han dado numerosos esfuerzos de construcción de paz en los últimos 30 años. Estos han implicado una combinación de estrategias de paz como también se ha dado en otros países con conflictos armados persistentes (protacted armed conflicts); dependiendo de las circunstancias, lugares y de la población afectada se han combinado “peacekeeping (contención), peacemaking (negociación de paz) and peacebuilding (construcción de paz)”. En primer lugar, ha sido necesario contener los efectos devastadores del conflicto sobre la población civil con estrategias de civiles de contención de actores armados y con formas de resistencia civil en medio del conflicto, como fueron las comunidades y territorios de paz; ejemplos de ello en el Magdalena Medio son el proceso ciudadano por Tiquisio, el acuerdo humanitario de desminado en Micoahumado y otros procesos impulsados por el Programa de Desarrollo y Paz en la zona.

En segundo lugar, también ha sido necesario “hacer la paz” (peacemaking), es decir, promover procesos de negociación que busquen alcanzar acuerdos de paz con los grupos armados. Se han dado varios momentos de negociaciones con grupos alzados en armas: Un primer momento entre 1989 y 1994, que llevó a acuerdos de paz y desmovilización de varios grupos guerrilleros, entre otros el M-19 y el Ejército de Popular de Liberación (EPL), con alrededor de unos 5.000 guerrilleros desmovilizados. Una segunda fase de negociaciones, que fue fallida, se dio entre 1998 y 2002 durante la administración de Andrés Pastrana con las FARC y el ELN. Una tercera fase se dio entre 2003 y 2006, con la negociación de la administración Uribe con los grupos paramilitares; sin embargo, parte de estos grupos se reactivaron vinculados al narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Finalmente, durante la administración del actual presidente Juan Manuel Santos se culminó la negociación con la mayor guerrilla: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, negociación que se extendió entre 2012 y 2016. Recientemente se ha dado inicio a la negociación con el ELN, sin que todavía sean muy claras las perspectivas de la misma.

En tercer lugar, se han dado múltiples iniciativas de lo que tradicionalmente se conoce como construcción de paz (peacebuilding) en los momentos en que se han alcanzado acuerdos de paz con distintos actores armados, lo cual ha implicado no solo procesos de desmovilización, desarme y reintegración de los combatientes, sino también dinámicas de atención a las víctimas del conflicto con estrategias a nivel económico, político y cultural, a lo que se suma la promoción de la reconciliación en una sociedad que ha sufrido profundas heridas y divisiones por la guerra y la violencia.

Foto: comunicaciones regional Nariño. Misión itinerante en la cordillera.El acuerdo de paz con las FARC ha tenido dificultades para su aprobación, refrendación e implementación. Luego de una ardua negociación de más de 4 años, en agosto de 2016 se termina de negociar un acuerdo que incluía temas a nivel de reforma rural integral, participación política, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas del conflicto y justicia transicional, garantías de seguridad, cese al fuego y de hostilidades y dejación de armas por parte de la guerrilla. Este acuerdo fue refrendado por la X asamblea de la guerrilla en septiembre 2016. Sin embargo, el acuerdo no pasó la votación de la refrendación pública del 2 de octubre, perdiendo por menos de 55.000 votos de un total de 12’800.000 votos. Esto obligó a que el gobierno nacional y la guerrilla renegociaran puntos del acuerdo buscando integrar puntos planteados por aquellos que se oponían al acuerdo. El 14 de noviembre se firmó un nuevo acuerdo que fue refrendado por el Congreso, donde se están aprobando lentamente las leyes necesarias para su implementación. El cese al fuego se hizo efectivo, con una disminución importante del nivel de violencia, y se avanza en la concentración de las guerrillas para su desmovilización y entrega de armas, que debe culminarse hacia agosto de 2017. La polarización del país en torno a la guerra y la paz ha dificultado este proceso de implementación e implica un riesgo que el acuerdo de paz pueda naufragar en medio de un contexto preelectoral muy agitado (hay elecciones de congreso y presidente en marzo y mayo de 2018).

La población mira con expectativa y esperanza los avances en la implementación de los acuerdos de paz. Ahora bien, enfrentan muchos retos para alcanzar los beneficios que estos acuerdos les puedan deparar. Por una parte, la persistencia de grupos armados (tanto el ELN que no ha acabado de negociar, como los grupos surgidos de la desmovilización paramilitar) ha implicado una amenaza y presión para las poblaciones rurales ubicadas en los sitios donde estos grupos permanecen, entre otros el Catatumbo, el sur de Bolívar y la costa Pacífica. Por otra parte, todavía hay incertidumbre de cómo operarán los mecanismos para el desarrollo rural, la participación política y los mecanismos de justicia transicional que garanticen el acceso a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas, incluida la restitución de tierras.

En este contexto, el SJR trabaja para acompañar las comunidades que se encuentran en situación vulnerable y con riesgo de ser desplazadas para fortalecerlas en su capacidad de resilencia y permanencia en el territorio. Igualmente apoya a las víctimas del desplazamiento para que tengan claridad de las rutas legales que tienen para el acceso a sus derechos de acuerdo a la política pública existente. Caminamos con la gente buscando que ellos/as puedan empoderarse para que sean actores de construcción de paz en su propio contexto.

 

Mauricio García Durán S.J., Director de SJR Colombia, Director regional de SJR para América Latina

Este artículo fue publicado originalmente por Canadian Jesuit International
 
http://www.canadianjesuitsinternational.ca/2017/05/10/2017-spring-newsletter/

Pronunciamiento Regional Día de las Manos Rojas

PARA LA GUERRA NI UNA NIÑA, NI UN NIÑO O JOVEN MÁS

PARA LA PAZ ESTAMOS LISTOS ¡YA!

Foto: Comunicaciones SJR Colombia - Día de las Manos Rojas 2017 en el Parque Nacional de Bogotá

 

El Servicio Jesuita a Refugiados en su misión de “Acompañar, Servir y Defender” a la población víctima de desplazamiento forzado en Colombia y a la población solicitante de refugio en Venezuela, Ecuador y México, hace un llamado para visibilizar la preocupante situación de los Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes- NNAJ en las fronteras y se garantice la debida protección por parte de los Estados para la no vinculación, reclutamiento y uso a dinámicas de violencia principalmente en estas zonas.

Consideramos relevante poner especial atención en las fronteras de Colombia con Ecuador y Venezuela, pues persiste un flujo crítico de NNAJ que migran forzadamente a estas zonas junto a sus familias buscando protección, inclusión y acceso a garantías de Derechos, en muchas ocasiones a causa de la amenaza de reclutamiento o vinculación. No obstante, estas zonas se caracterizan por la falta de servicios e infraestructura suficientes, a lo que se suma el persistente conflicto colombiano que ha trascendido a los demás países, afectando directamente a los NNAJ.

Así mismo, la situación de los NNAJ que vienen migrando de manera forzada desde Centroamérica representa un desafío en materia de derechos humanos, pues en países de origen como Honduras, Guatemala, El Salvador, la violencia generalizada, la falta de oportunidades de acceso a la educación, acceso a servicios médicos, oportunidades de empleo, entre otras, obligan a los NNAJ y/o a sus padres a migrar. Las dificultades persisten durante su tránsito hacia Estados Unidos o México, en donde muchas veces son víctimas de discriminación, exclusión social, extorsiones y violencia por parte de actores gubernamentales o carteles criminales[1].

En ese sentido, desde hace 15 años, el 12 de febrero diferentes organizaciones y personas a nivel mundial, conmemoran la firma del Protocolo Facultativo relativo a la participación de los niños niñas y adolescentes- NNA en los conflictos armados, a través del “Día de las Manos Rojas”, el cual es una expresión y exigencia para que se detenga el uso, vinculación y reclutamiento de esta población vulnerable en la guerra, a la vez que es un llamado a la toma de acciones concretas y eficaces por parte de los Estados para que garanticen los Derechos de todos los NNA.

Por ello, hacemos un llamado de atención sobre aquellos acuerdos binacionales entre los gobiernos o iniciativas[2] que potencian los factores de riesgo de reclutamiento, uso y vinculación de NNAJ a dinámicas asociadas al conflicto o a la vinculación a grupos del crimen organizado, especialmente, para que se trabaje sobre las brechas legislativas existentes y los vacíos de protección para lograr mejores condiciones que permitan la debida restitución de los derechos los NNAJ en la región.

Igualmente, alentamos a los gobiernos y a la sociedad civil a analizar estos viejos y desatendidos desafíos humanitarios en la región fronteriza, generando espacios para la construcción de acciones de prevención y protección binacionales, prestando mayor atención en medio de la alta y desorganizada migración mixta, pues al no tener la atención requerida, expone mucho más a los NNAJ, mujeres y sus familias.

Consideramos necesario que los países de origen aborden las causas de la migración mejorando la calidad de vida de los niños y sus familias eliminando las desigualdades que causan la violencia, y en general que tanto gobiernos como asociados garanticen que los derechos de los niños migrantes sean respetados a lo largo de todo el viaje.

Nuestra apuesta es por la vida y, por ello, nos sumamos desde los diferentes SJR en Colombia, Venezuela, Ecuador y México a decir NO al reclutamiento, NO a la vinculación y no al uso de NNAJ en el conflicto armado.

 

SERVICIO JESUITA A REFUGIADOS – LATINOAMERICA Y EL CARIBE

[1] Musalo, Karen (dir.). Febrero de 2015. Niñez y migración en Centro y Norte América: causas, políticas, prácticas y desafíos. Disponible en: http://cdhfraymatias.org/sitio/wp-content/uploads/2013/04/Ninez-Migracion-DerechosHumanos_FullBook_Espa%C3%B1ol_3.pdf

[2] En Colombia por ejemplo, existen formas más sutiles o camufladas de vinculación o reclutamiento que vienen desarrollando con mayor fuerza los organismos del Estado, a través de campañas cívico-militares como son: soldados por un día que se ofrecen en instituciones educativas, Policía Juvenil, entre otras.

Comunicado Conjunto 12 de Febrero – Día de las Manos Rojas

COMUNICADO CONJUNTO

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12 DE FEBRERO – DÍA DE LAS MANOS ROJAS

PARA LA GUERRA NI UNA NIÑA, NIÑO O JOVEN MÁS. PARA LA PAZ ESTAMOS LISTOS ¡YA!

15 AÑOS DE LA ENTRADA EN VIGENCIA DEL OPAC

 

12 de febrero de 2017

Este Domingo, 12 de Febrero de 2017, se cumplen 15 años de entrada en vigencia del “Protocolo Facultativo* de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados” (OPAC, por sus siglas en inglés), que obliga a los Estados a proteger a los niños, niñas y adolescentes del reclutamiento y uso en los conflictos armados. Las organizaciones y entidades convocantes a conmemorar esta fecha hacemos un llamado a:

– Proteger a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de los conflictos armados, lo cual implicaría al Estado asegurar la garantía de sus derechos y las oportunidades requeridas que les permitan la construcción de proyectos de vida dignos y la inclusión social.

– Generar mecanismos y medidas de prevención necesarias para evitar el reclutamiento y uso de personas menores de 18 años por los grupos armados.

– Convertir  la protección y la prevención en medidas fundamentales que aseguren las garantías de no repetición para aquellos(as) que fueron víctimas de la guerra.

En Colombia, a enero de 2017 según el Registro Único de Víctimas, han sido registrados 8.091** niños, niñas, adolescentes y jóvenes, como víctimas de vinculación al conflicto armado por uso y/o reclutamiento; esta alarmante cifra continúa siendo un subregistro, ya que muchos de ellos aún no se encuentran documentados en ninguna fuente Estatal. En este sentido, la deuda histórica del Estado en materia de prevención, protección y garantía de sus derechos, persiste.

En su tercer Informe, el Secretario General del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre los niños y el conflicto armado en Colombia de 4 de octubre de 2016, alentó al Estado y a las FARC–EP a que velen por la aplicación del mecanismo conforme a los principios orientadores expuestos en el acuerdo, en particular en lo que se refiere al interés superior del niño y al acompañamiento de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes como víctimas. Además de reiterar su apoyo al proceso de paz entre el Gobierno y las FARC- EP, refiriéndose al proceso de diálogo entre el Gobierno Nacional y el ELN, el Secretario exhortó a las partes negociadoras y facilitadoras a que examinen la cuestión de la infancia y la adolescencia en las fases iniciales del proceso de paz y a que se asuman compromisos específicos sobre su protección antes de la fase de desvinculación.

De igual manera el organismo instó al Gobierno Nacional, a velar por la atención prioritaria de las necesidades de reintegración de niñas, niños, adolescentes y jóvenes afectados por el conflicto, así como a la creación de espacios protectores que garanticen la seguridad para el regreso voluntario, seguro y digno de las poblaciones desplazadas a sus comunidades de origen, la facilidad en el acceso a servicios básicos, particularmente a la educación y la atención médica.

El fin de la confrontación armada entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, sumado al de la fase pública de los diálogos con el ELN, la formulación de políticas sociales en el marco de la Ley 1098 de 2006 o Código de Infancia y Adolescencia, los cambios culturales para el reconocimiento de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de derechos y la implementación de escenarios de participación ciudadana, contribuirán a la construcción de una paz estable y duradera.

En este marco el próximo jueves 16 de febrero se llevará a cabo en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas de Bogotá; (Carrera 19 B N° 24-86) a partir de las 9:00 a.m., un evento político y académico denominado “PARA LA GUERRA NI UNA NIÑA, NIÑO O JOVEN MÁS. PARA LA PAZ ESTAMOS LISTOS ¡YA!”. Será un  espacio de diálogo e intercambio de experiencias y reflexiones entre representantes de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, actores del gobierno distrital y nacional y de organismos internacionales, sobre la protección integral de la infancia y adolescencia en los escenarios de los conflictos armados y postconflictos.  

 

¡Los y las esperamos!

Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados:http://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/OPACCRC.aspx

** Registro Único de Víctimas: http://rni.unidadvictimas.gov.co/RUV

 

Este evento es promovido por organizaciones defensoras de derechos de la niñez y la juventud y defensores de los derechos de lasvíctimas del conflicto armado interno: Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (COALICO) conformada por: Asociación Cristiana Menonita para Justicia, Paz y Acción Noviolenta (JUSTAPAZ), Benposta Nación de Muchach@s, Centro de Desarrollo y Consultoría Psicosocial Taller de Vida, Corporación Casa Amazonía (COCA), Corporación Vínculos, Defensa de los Niñas y Niños Internacional (DNI-Colombia), Fundación Creciendo Unidos (FCU) y el Servicio Jesuita a Refugiados Colombia (SJR Colombia); Alianza por la  niñez colombiana; Corporación Infancia y Desarrollo; Humanidad Vigente Corporación Jurídica; Programa Niñez y Paz desde los Territorios; Save the Children; Sinestesia ONG; terre des hommes Alemania / 50 años y World Vision; con el apoyo de la Secretaría Distrital de Integración Social – Subdirección de Infancia, el Instituto Distrital de las Artes – IDARTES y la Alta Consejería para los Derechos de las Victimas, la Paz y la Reconciliación – Centro de Memoria Paz y Reconciliación (Alcaldía Mayor de Bogotá) y Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados – ACNUR.

Con el apoyo de: Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH – Programa ProPaz “Apoyo a la Construcción de Paz en Colombia”, DKA Austria – Hilfswerk der Katholischen Jungscha, El Fondo de Asistencia Internacional de los Estudiantes y Académicos Noruegos (SAIH), ICCO Cooperation (Colombia), terre des hommes Alemania / 50 años – en alianza con el Ministerio de Cooperación Alemán (BMZ) y Watchlist on Children and Armed Conflict y Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados – ACNUR.

 

Retos humanitarios en el Pos acuerdo

Bogotá D.C. Diciembre 1 de 2016.

Tras la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP que pone el punto final a cuatro años de intensas negociaciones, son múltiples los desafíos que la sociedad colombiana debe enfrentar de querer avanzar por buen camino en la recomposición de la democracia y la convivencia pacífica. Retos de diversos órdenes que deben ser asumidos con gran seriedad por el Gobierno Nacional, la sociedad civil organizada, el sector privado, los organismos humanitarios nacionales e internacionales y la ciudadanía en general para aportar a la construcción de la paz en este país.

Se trata, no de mirar la fase que continúa ni con excesivo triunfalismo ni con derrotismo, sino más bien, con la medida justa que permita reconocer las problemáticas que pueden obstaculizar la adecuada construcción de una paz estable y duradera y poner el foco de atención allí para encontrar soluciones creativas y efectivas. Desde el Servicio Jesuita a Refugiados se ven con particular preocupación cinco elementos que deben ser prontamente atendidos y sobre los cuales depende de forma importante el éxito de este proceso de paz. Foto: archivo SJR Colombia

Presencia de actores armados tradicionales y de nuevos grupos armados organizados y criminales: se trata de un aspecto bastante conocido por los colombianos y que se relaciona no solamente con las dificultades que persisten para adelantar un proceso de negociación de paz con el ELN, sino por el crecimiento y consolidación de grupos pos desmovilización paramilitar, algunos de ellos, copando importantes territorios del país y actuando a la manera de los grupos paramilitares existentes antes del proceso de desmovilización de mediados de la década pasada. Se trata de actores armados ilegales que vienen desarrollando toda suerte de acciones militares en los territorios, generando zozobra y vulnerando de manera grave los derechos humanos de comunidades, líderes sociales, defensores de Derechos Humanos y ciudadanos en general. Violaciones que producen diariamente decenas de víctimas y que, no en pocas ocasiones, han generado situaciones humanitarias complejas. La grave crisis humanitaria que viene atravesando Buenaventura desde hace varios años podría ser una muestra de cómo estas organizaciones criminales pueden dar al traste el sueño de paz en importantes regiones del país.

Graves situaciones humanitarias no contempladas en las respuestas de las actuales políticas públicas: Un conflicto interno armado de tanta magnitud ha obscurecido otras nuevas -y no tan nuevas- modalidades de afectación humanitaria. La minería ilegal, la implementación de grandes proyectos de infraestructura y desarrollo y los cambios medioambientales, entre otros, parecen poco importantes en medio de la guerra. Sin embargo, territorios completos como el Sur de Bolívar se han visto ampliamente afectados por algunos de estos fenómenos, haciendo que los pobladores deban esconderse de las balas, al tiempo que huyen de la contaminación de suelos y aguas. Estas problemáticas, si bien hasta el momento no han cobrado el altísimo número de víctimas que ha causado el conflicto interno, tal como se conoce hasta ahora, si está profundizando silenciosamente las posibilidades de nuevas crisis humanitarias.

Realización inconclusa o parcial de los derechos de las víctimas: Dentro de las mayores afectaciones que ha tenido el conflicto colombiano en los territorios se encuentra el desplazamiento de millones de personas dentro y fuera del territorio nacional. Se trata de un porcentaje alto de población que hoy en día aún sufren los dolores de la guerra y se encuentran, en muchos casos, asentados en los cinturones de miseria de las principales ciudades del país, en las fronteras internacionales o en países vecinos y que continúan esperando que se avance en los procesos de asistencia y reparación integral ofrecidos por el Gobierno Colombiano. En este caso, ante una situación de conflicto que sigue expulsando diariamente personas de sus territorios, la implementación pronta y adecuada de las medidas tanto de atención humanitaria como de reparación integral vigentes se hace cada vez más urgente y necesaria. Reconocer que persisten focos importantes de violencia y que muchas de las víctimas aún no se benefician de las políticas creadas para su atención, es un buen comienzo para desarrollar acciones más acertadas a las necesidades de las víctimas.

Tradición de corrupción y abandono de la institucionalidad en algunas regiones del país: Este elemento ha sido identificado por muchos como uno de los mayores obstáculos que pueden presentarse a la hora de avanzar en proceso de mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de los territorios afectados por el conflicto armado. Esta tradición centro – periferia que ha marcado la pauta de intervención de los gobiernos nacionales y locales, ha determinado en buena parte la forma en que los centros- capitales suelen recibir atención de mayor calidad, mientras los territorios alejados y de la periferia son frecuentemente sometidos al abandono y accionar de los grupos armados. Este hábito en las formas de intervención ha permitido que se arraiguen prácticas clientelares y de corrupción en los poderes locales que dejan al descubierto las posibles dificultades que se pueden presentar a la hora de implementar proyectos de desarrollo económico, social y comunitario tan necesarios en una fase de post acuerdos.

La implementación de los acuerdos de paz y los derechos de las víctimas: La forma en que finalmente se traduzcan en los territorios los acuerdos alcanzados en la Habana, es tal vez uno de los desafíos más serios en este momento. De la capacidad que tenga el Congreso de la República de interpretar adecuadamente el espíritu del proceso de paz, en articulación con las necesidades y potencialidades de las regiones más afectadas por el conflicto, dependerá la credibilidad de los ciudadanos en el acuerdo y su legitimidad en el tiempo. En ese sentido, es fundamental hacer una revisión pormenorizada de las normas y políticas que desarrollan los derechos de las víctimas de tal suerte que se puedan amoldar a sus necesidades concretas y avanzar en soluciones duraderas. Allí mismo, las garantías de no repetición para los líderes y defensores de derechos humanos deben hacerse efectivas si se desea terminar con los ciclos de violencia que ha padecido este país las últimas cinco décadas.

Se trata entonces de cinco elementos que deben ser observados con cuidado porque servirán de telón de fondo para el proceso de implementación de los acuerdos. Fenómenos y circunstancias antiguas y sobrevinientes que permiten pensar que la tarea humanitaria debe seguir en desarrollo en muchos territorios y que requieren el concurso de todas las agencias y actores humanitarios en el país, pero particularmente, de aquellas instituciones estatales y sociales sobre los cuales reposa el deber de hacer posible la paz en Colombia.

Retos humanitarios en el Pos acuerdo

 

Cierre del Proceso “Del 9 al 9”

Bogotá D.C. Noviembre 8 de 2016.

Con acciones simbólicas en Bogotá, Eje cafetero, Santanderes, Magdalena Medio, Soacha y Nariño, culminó la versión 2016 del proceso “Del 9 al 9”. Este año el lema “Quiéreme bien, herédame La Paz”, fue proclamado por más de 700 niños, niñas y jóvenes a nivel nacional. Foto: archivo SJR Colombia - equipo Soacha

El proceso inició el 9 de abril en la ciudad de Bogotá, en un evento organizado por la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia – COALICO; la estrategia Atrapasueños de la secretaría de integración social de la Alcaldía de Bogotá; Aldeas infantiles S.O.S y por supuesto la Pastoral Juvenil de la Compañía de Jesús, representada en sus diferentes grupos.

De igual manera, el 10 de abril en el colegio San Ignacio de Medellín se llevó a cabo el lanzamiento del proceso con la participación de exalumnos del grupo SJR y jóvenes del sector “El Picacho”. Así lo describió una de las participantes: “con una experiencia de sensibilización comenzamos el Proceso “Del 9 al 9”, en el que buscamos reconocernos como jóvenes capaces de incidir y aportar a la reconciliación en sociedad, inapelable para acordar paz”.

Durante 5 meses se realizaron distintas actividades en colegios, universidades y espacios públicos, tales como encuentros de jóvenes, foros, cartas de solidaridad con las personas que han sido víctimas, entre otras. Los y las jóvenes se movilizaron en torno a la paz y la reconciliación instando a sus padres, madres, docentes y algunos funcionarios, a movilizarse junto a ellos aportando al cambio social que merece y necesita Colombia.

En el año 2017 esperamos seguir contando con el respaldo de los colegios de ACODESI y colegios Fe y Alegría, Pontificia Universidad Javeriana y Obras sociales, que junto a otras organizaciones de la sociedad civil acogieron esta iniciativa de protagonismo juvenil que la Compañía de Jesús apoya a través del proceso de regionalización.

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