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Instalación galería de la memoria en Norosí

“El primer día me fui temprano para ver si me rendía,

Oí un palanco que decía. ¿Qué será esto Malagano?

¿Por qué nosotros estamos siempre dispuestos para morir?

Contestó un Caracolí: Yo soy madrea de peso

Y un Guaimaro bien grueso que se echaba a sonreír”.

 

Norosí. Noviembre 24 de 2017. Como parte del proceso de formación y acompañamiento durante el año 2017, se realizó en la Institución Educativa de Norosí una galería de la memoria para recoger y compartir lo que significaron los diálogos intergeneracionales como estrategia para reconstruir la memoria histórica del municipio.

La iniciativa, surgió como parte del proceso de formación de Escuela Protectora dirigida a docentes de la Institución Educativa de Norosí, con quienes iniciamos procesos de formación paralelos que contribuyeran a hacer de adolescentes y jóvenes sujetos más críticos de su realidad desde el reconocimiento de las historias que se tejen en su territorio.

Durante el proceso, se realizaron 3 diálogos por la memoria y un recorrido por el territorio. Todos, espacios acompañados por adultos mayores y docentes, quienes compartieron las historias del hoy municipio de Norosí. En ellas, se encontraron el conflicto, la cultura, las bonanzas económicas, las riquezas naturales y su consecuente explotación, el abandono, el olvido y la resistencia. Sobre todo eso, la resistencia de un pueblo que se ha levantado para mantenerse en su territorio y defender la vida, pese a la presencia histórica de actores armados que se han llevado casi todo, menos el amor por la tierra.

La instalación, fue un homenaje a su gente, a la señora Aida y su pasión por la tambora con la que levantó al pueblo después del desplazamiento colectivo, al poema del señor Roque que nos recuerda que la riqueza está en la naturaleza, a las mujeres que han padecido el conflicto de manera diferencial, a los docentes que levantaron la Institución Educativa a pulso y regresaron para seguir educando. A las historias de vida de niñas, niños, adolescentes y jóvenes que hoy en su presente conocen el rostro, sonidos y sensaciones del conflicto pero que a unísono entonan estrofas compuestas en clave de resistencia: “Yo nunca me iré del pueblo de Norosí, pueblito querido donde yo nací”.

Una memoria para nunca olvidar pero también para construir mejores tiempos, movidos por la esperanza, la creatividad y la fuerza que está en las venas de quienes han sido olvidados por muchos, pero nos dan lecciones de resistencia, valentía y reconciliación.

“Después del desplazamiento nosotros formamos una tambora de 30 personas. Teníamos unos niños que también tocaban y sacaban unos dramas. Nos reuníamos en donde ahora está la estación de policía. Todas las noches hacíamos bulla para que el pueblo tuviera más ambiente”.